¿Hasta cuándo le amargarán la vida a Sigifredo López? Harto mal le causaron con la infame detención de que fue víctima acusándolo de manera por demás perversa y temeraria de ser coautor de la masacre de sus compañeros de la Asamblea del Valle, para terminar en el oso más vergonzoso que recuerde la justicia colombiana.
El daño causado a Sigifredo y a su familia no lo va a reponer ni la más cuantiosa de las demandas que ya deben haber preparado sus abogados.
Pero las injusticias contra Sigifredo parecen no tener fin y es ahora la Procuraduría quien ha ordenado el cotejo de su mano como requisito para descartar la llamada “prueba reina” que en su momento presentó la Fiscalía y en la que un hombre inidentificado explica cómo secuestrar a los asambleístas vallecaucanos. Y no contenta con lo anterior, la susodicha Procuraduría ha pedido una tal prueba de fotogramafía para determinar la distancia entre el personaje del video y la cámara que lo filmó. Huelga anotar que dicha prueba no existe en el mundo y es imposible determinar la distancia en que se grabó el mencionado video.
Ante semejantes exigencias, por demás absurdas, se comprueba el tufillo malintencionado que sigue rodeando el caso de este sobreviviente. ¿Acaso ya la Fiscalía no lo absolvió? ¿Qué razón tiene ahora la Procuraduría para atravesársele como mula muerta a un caso juzgado? ¿Qué hay detrás de este viacrucis que ha padecido un hombre inocente al que no cesan de acusarlo y de inventarle pruebas con el cartel de testigos como materia prima de semejantes infamias?
La justicia colombiana debería cerrar este penoso caso de una vez por todas, porque, al paso que vamos, dentro de unos meses son capaces de reabrirle el proceso a Sigifredo y meterlo preso otra vez, víctima de cualquier tinterillada.
Dejen quieto a quien de tanto sobarle la paciencia lo van a volver un héroe o una leyenda y que en algún momento se convertirá en una víctima más del arrevesado y paquidérmico aparato judicial colombiano, que por querer lucirse, quedó pésimamente ante su país y ante los ojos del mundo. ¿Qué dirán de esta vergüenza los posibles inversionistas extranjeros?