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El bobazo

15 de julio de 2010 - 11:32 p. m.

EN ESTA TRAGICOMEDIA DE ÍNGRID Betancourt, quien ha llevado la peor parte es su segundo esposo, Juan Carlos Lecompte.

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El pobre pasó de bufón de las Pulecios —incluyendo a su ex esposa—, en cuya condición atacó al presidente Uribe tildándole de amigo de los paramilitares, a mandadero, idiota útil, trompo quiñador, cornudo y explotado.

El vida mía no pudo tener un peor final: Se quedó con el pecado y sin el género, entendiéndose esto último por ese estiércol del diablo que enloquece y obnubila.

De nada le valió andar cargando el dummie de su amada en actitud de profesor Moncayo y menos hacer de consueta de doña Yolanda y su hermana Astrid, sin olvidar al ex embajador Parfait.

Semejante familia tan proclive al dinero y al gozo de las influencias no abrazó al esposo, yerno, cuñado y concuñado llevándole en los negocios y por el contrario, lo hizo a un lado aún en vida de la infiel secuestrada.

La lucha de san Carlos (?) resultó vana: Perdió su tiempo, su carreta y la cargada de la foto de su esposa, que de tanto ir y venir, comenzó a descaracharse y averiarse al punto que resultó mejor el original devuelto, que la copia de sus años mozos.

Luego de su liberación, la voraz Íngrid le sacó no sé cuantos miles de dólares que debió entregárselos sin mediar un beso o un te quiero. Y se quedó sin la soga y sin la ternera y helo ahí desplatado, fané y descangayado, mientras la otra con sus pretensiones millonarias le sigue dando la vuelta al mundo con hipocresía y cinismo.

De haber prosperado las aspiraciones pecuniarias de Íngrid y sus secuaces, ¿cuál iba a ser el CVY de este tominejo? Cero pollitos. Ni un centavo, luego de que fuera parte de la banda y como tal, algo le habría correspondido.

Sin embargo, Íngrid y Cía. no quedaron mal, digo económicamente, porque su libro, del que ya le dieron un jugoso anticipo, y la película que se rodará en breve, los van a dejar a ella y a sus compinches con harto billete, del que tampoco recibirá tajada alguna. Pobre Lecompte. Con este episodio se confirma que nadie sabe para quién trabaja, dirá él.

Y nadie sabe para quién se baña, dirá ella.

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