La masacre perpretada en la vereda Desiderio Zapata, en Argelia, Cauca, en la que murieron siete jóvenes, no es un hecho aislado de la guerra que se está viviendo en este municipio y que cobró la vida de cuatro personas más en otro corregimiento cercano, no hace más de cinco meses.
Esta región ha sido durante años un escenario de las batallas contra los cultivos ilícitos que continúan y con más bríos desde cuando se firmó el Acuerdo de Paz. Se sabe de la presencia de exguerrilleros de las Farc, militantes del Eln y delincuencia común, que aprovechan el río San Juan de Micay, que desemboca en el Pacífico y que conecta los departamentos del Valle, Cauca y Nariño con el producto de los narcocultivos.
A la par con la necesaria erradicación y la indispensable presencia del Estado para imponer el orden, hay que ofrecer soluciones de trabajo a los miles de campesinos que han encontrado en estos cultivos la única forma de obtener unos recursos para su subsistencia. De ellos se han aprovechado los mercaderes para ponerlos como “carne de cañón” y evitar acciones más contundentes por parte del gobierno.
Y es aquí en donde urge un programa serio y sostenido de sustitución de cultivos, labor que tomará mucho tiempo, es verdad, pero que hay que iniciarla de inmediato. El problema es que el Cauca, un departamento pobre y sin recursos, no puede hacerlo solo y no es justo que se le deje semejante responsabilidad en la que está comprometida el país entero.
Argelia y sus alrededores es una región estratégica, que cuenta además con recursos hídricos y mineros que, sumados —repito— a los cultivos ilícitos y al corredor que facilita la salida al Pacífico, merece toda la atención, sobre todo —insisto— hacia sus pobladores.
Está comprobado que la medida de prohibir la fumigación aérea disparó geométricamente las hectáreas cultivadas y que ello generó una disminución del desempleo en esa zona, planteándose con ello una perversa paradoja que ha puesto en jaque a la nación entera.
Hay que recuperar el Cauca y con pañitos de agua tibia no va a conseguirse. El nuevo gobierno tiene un compromiso histórico y moral con este departamento que clama atención y no merece que se le olvide y se le abandone, como hasta ahora, lamentablemente, ha sucedido.