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El presidente, ¿en su laberinto?

30 de octubre de 2008 - 08:17 p. m.

POCAS VECES URIBE HA SIDO BLANco de tantos dardos como en este último mes. La asustadora figura de su posible reelección ha encrespado a quienes no contentos con una oposición ideológica decente y civilizada han tomado otros caminos, atajos mejor, para montar una campaña de desprestigio, calumnias y ahí sí, falsos positivos.

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Este antiuribismo, de lejos peor que el furibismo, está arrastrando la institucionalidad nacional. En un amacice, si no sospechoso al menos coincidente, las fuerzas oscuras que como las brujas –que las hay,  las hay– han conformado un contubernio desestabilizante de indudable repercusión.

La dialéctica seria, respetable y autorizada anda de pipí cogido con la cháchara mamerta enquistada en el mismo Estado del que lacta y parapetada en medios de comunicación a los que vive metiéndoles goles bajo el amparo de la libertad de prensa y el viejo sofisma de que la verdad os hará libres.

Ingenuos muchos han caído en la trampa y con su silencio están dejando solo al presidente en una lucha que pocos al parecer entienden. Observen y comprenderán que tras los palos en la rueda que le ponen a diestra y siniestra, hay unos intereses políticos que cobran y cobran dividendos.

Hay entonces que alinearse y/o cerrar filas en torno a quien ejerce con valor y con honor la primera magistratura y no escuchar las mirlas y los guacamayos que están desarrollando una canallesca carta de navegación hacia peligrosas tempestades.

El presidente Uribe no se merece que quienes antes lo apoyaban estén ahora flaqueando e incluso dando un paso al costado. Mucho nos ha costado tratar de poner la casa en orden para que conjuras perversas lo saquen de casillas y lo enreden en los laberintos del desespero.

Ah y bienvenidos los insultos por la WEB. Aquí o se es antiuribista o uno es un hachepé, narco, paraco, asesino y hasta maricón.

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