CON LA MUERTE DEL MAESTRO JAIme R. Echavarría, pierde la otra Colombia —la romántica, querendona, la bohemia, la que canta y encanta, la que sueña y ama— a uno de sus más preclaros exponentes.
Mal pianista y pésima voz, alcanzaron a decir de este compositor considerado el Agustín Lara de Colombia y que compite honores con Manzanero. Sus canciones, sin pretensión alguna, calaron en el sentimiento y en el corazón de enamorados ilusionados y de despechados sin esperanzas.
El legado de sus melodías forma parte del imaginario colectivo de una época de romances pastoriles y serenatas al pie de la ventana, ambas costumbres ya desaparecidas.
Es que la propiedad horizontal, los edificios y los condominios acabaron con las serenatas dijo alguna vez Jaime Erre, quien en sus últimos años se refugió en sus recuerdos rumiándolos con nostalgia en medio del silencio de su enfermedad.
No conozco en estas últimas décadas otro compositor que emule sus inspiraciones, mezcla de pasillos, valses y boleros. El maestro se llevó consigo las partituras de unas canciones diáfanas y sencillas que le cantaron al amor y al desamor de una manera casi elemental. De allí su éxito.
Fue quizás el grupo paisa Nueva Gente quien mejor interpretó su música —a veces acompañada por su piano— aunque también María Dolores Pradera, Beatriz Arellano y la Ronca de Oro Helenita Vargas —entre otras— tuvieron en su repertorio las melodías inmortales de este gran señor de la música y de la amistad.
En alguna ocasión —y a propósito de La Ronca de Oro— coincidieron en su apartamento de Bogotá Jaime Erre y el ex presidente López. Al calor de la tertulia, Jaime Erre manifestó que el piano que estaba tocando era un instrumento muy exigente que requería de varias horas diarias de práctica o si no se olvidaba.
Fue entonces cuando López con esa vocecita a ratos imperceptible tomó del brazo a Helenita Vargas y profirió uno de sus impromtu que le hicieron memorable: “Es que el piano es como las mujeres, que uno no las deja a ellas, sino que ellas lo dejan a uno”.
Dichas estas palabras, Jaime Erre, y como nunca, interpretó y cantó “Me estas haciendo falta, mucha falta de verdad”. Sobra decir que nadie preguntó a quién le estaba dedicando esa canción.