Mientras que por un lado seguimos enfrascados en el Sí o en el No, por otra parte están sucediendo cosas que, sin tener la trascendencia del acuerdo de paz con las Farc, no dejan de ser importantes.
Una de ellas es el proyecto de ley que se tramita en el Congreso en torno a los costos de las aerolíneas y las remuneraciones y el tiempo laboral de sus pilotos y auxiliares de vuelo.
Aunque ambas partes han expuesto sus razones, la una para justificar sueldos y horarios y la otra para reclamar aumentos salariales, disminución de horas semanales de vuelo y otras prebendas más, lo cierto es que el pulso lo van ganando los pilotos y los auxiliares, quienes, comparativamente con los de algunos países, están en desventaja.
La aviación colombiana es reconocida mundialmente. Nuestros pilotos son apreciados internacionalmente. El número de accidentes de aviación en nuestro territorio es tan bajo que representa un ejemplo que todos admiran, máxime en una geografía que —como la nuestra— es altamente riesgosa e incluso atemorizante para cualquier piloto de otra parte.
Se dice que quienes tienen a su cargo el manejo de los aviones no laboran el tiempo suficiente, pero hay que tener en cuenta todo el protocolo que existe antes y después de cada vuelo, así como los retrasos y las circunstancias especiales de esta actividad que conlleva la responsabilidad de la vida de miles de seres humanos.
Y aquí hay que detenerse para analizar factores como la fatiga cierta y demostrada, el exceso de somnolencia e incluso la depresión que exige tratamientos médicos, males que padecen un alto porcentaje de quienes ejercen esta profesión.
Así que no nos estamos refiriendo a un trabajo cualquiera, porque lo que está en juego es la seguridad y la vida misma de millones de personas, y por ello no atender estos justos reclamos en aras de mantener unos estándares de competitividad y rentabilidad sería una irresponsabilidad.
Ojalá las partes se pongan de acuerdo y no terminen imponiéndose las conveniencias económicas por encima de unas justas reclamaciones que beneficiarán más a los pasajeros que a los conductores de los aviones que surcan nuestros cielos.