En buena hora el presidente Santos designó en la cartera del Interior a una persona que, como pocos, conoce los intríngulis más secretos de aquella actividad que rige los destinos gubernamentales del país.
Y es que para Federico Renjifo nada de la política le es extraño. Nacido en el hogar de Marino Renjifo Salcedo, liberal llerista respetado y añorado por sus cualidades y su servicio, conoció a los grandes de la política nacional. Participó muy muchacho en la actividad proselitista de su padre e hizo sus primeros pinitos en el Concejo de Cali y posteriormente fue candidato a esa Alcaldía y a la Gobernación del Valle. Ocupó luego varios viceministerios y juntas del más alto coturno.
Con el hoy mandatario de los colombianos, Renjifo Vélez ha tenido una cercanía especial: no sólo fue su viceministro de Hacienda sino que lo acompañó en su candidatura. Fue nombrado secretario general de la Presidencia, que para muchos es un superministerio. No es pues un recién llegado a la política ni menos a las entrañas del presidente. Por ello la labor que le espera tendrá siempre la orientación y el aval de quien tiene un reto histórico con su actual presidencia y una factible posibilidad de ser reelegido. No tendrá pues una fácil tarea: eso de lidiar parlamentarios, gobernadores, partidos, políticos, lagartos y lagartazos, amén de otros hilos del poder, requiere de una vocación especial que a Renjifo no le es esquiva, con varios ítems a su favor:
No ocupará tal cartera como cuota de ningún partido. No va a hacerle el mandado a ningún político. Tiene un único jefe, que es el del Estado, y carece de aspiraciones políticas que puedan reñir con su superior, lo cual se traduce en lealtad a toda prueba.
Con Renjifo son tres los ministros vallecaucanos que, sumados a tres embajadores, vicepresidente, dos altos consejeros de Santos, la futura presidencia del Senado y la secretaria privada de la primera dama, le dan a este departamento una oportunidad que ojalá no se desaprovechara y sirviera para sacarlo de la ruina y del caos en que está sumido —por culpa de la politiquería y los malos manejos— como lo denunciara el exgobernador Lourido en su momento y el saliente encargado Aurelio Iragorri.