A RAIZ DE LOS MÚLTIPLES CRÍMEnes ocasionados por los fleteros en Cali y que en los últimos días cobraron la vida del joven Juan Pablo Becerra Velasco, el alcalde Ospina citó en su despacho a los gerentes de los más importantes bancos caleños, y tan solo fueron dos.
Los demás o mandaron funcionarios de tercera o ni se excusaron en un acto de mala educación y de lo que se llama olímpicamente “importaculismo”.
Semejante desaire ha tenido varias lecturas: Una, que a las instituciones financieras les gusta la leche pero no les gusta la vaca. Es decir, que lo importante para ellas es el billete y no el que lo porta, lo lleva o lo recibe.
Otra interpretación es que el sector bancario se lava las manos respecto a informantes o cómplices dentro de sus oficinas. Hay quienes sindican a cajeros y a otros dependientes de pasar la voz a los que atracan a las personas que retiran dinero.
Y la última es que para los bancos, luego de entregado el dinero, el problema ya no es de ellos, en un comportamiento casi doloso y que linda con el código, si no penal, al menos el de la ética y la solidaridad.
Pero hay mas: Se conoció que el banco del cual Becerra sacó los siete millones que ocasionaron su muerte, no tenía cámaras de seguridad a pesar de la rimbombancia de la oficina de Unicentro Cali a la cual el Banco de Occidente le gastó su buena millonada.
Y no tenía cámara porque, cómo les parece, tal elemento no es obligatorio, y para rematar, los cajeros están en la obligación de informarles a quienes retiran dinero que pueden pedir acompañamiento de la Policía. El cajero del banco sin cámaras no lo hizo. ¿Cuántas muertes más se requerirán para que exista un frente común contra el fleteo?
Ante semejante actitud entre indiferente y negligente se ha convocado una marcha para el 2 de abril como un clamor ciudadano para exigir protección y ya hay quienes hablan del “Día sin Banco”.