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Hay rabia en San Andrés

06 de junio de 2013 - 06:00 p. m.

La sonrisa amplia sonrisa amplia y la carcajada sonora de los isleños ha cambiado por un ceño adusto y un palabrerío desobligante.

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Atrás han quedado la hospitalidad y las buenas maneras y ya el turista no está siendo recibido con alborozo y beneplácito. Hay recelo y desobligancia, mala gana y miradas despectivas. ¿Qué está pasando en San Andrés?

Para muchos de los residentes alrededor de este mar de los siete colores, lo que pasa es que no pasa nada, y no se trata de un juego de palabras: Al parecer se les está agotando la paciencia ante unas esperas que se han ido quedando en vanas promesas.

Que se van a acometer obras, que se va a mejorar la salud, que la educación es prioritaria, que a la isla le llegó la hora, que se van a invertir miles de millones, todo esto en medio de pomposos titulares que se quedan sólo en eso y precisamente en eso, llevan los años de los años y muchos años más.

“Después de que regalamos a Nicaragua buena parte de nuestro mar y nos despojaron de lo que era nuestro, llegaron los cachacos a prometernos esta vida y la otra y mire en las que estamos: peor que nunca”, me dijo un pescador atribulado.

“El tal millón ochocientos mil pesos mensuales que nos iban a dar a cada uno está enredado en medio de los trámites y papeleos y yo me quedé sin mis pescaditos y sin mi ‘susidio’ (sic) ”, comentó otro.

Pero lo más grave es lo que anotó otro de los otrora pescadores, hoy dedicado a jugar dominó: “aquí lo que tenemos que hacer es ‘anesarnos’ (sic) a los nicos (nicaragüenses), porque los bogotanos son unos faltones”.

Seguramente estas tres opiniones no representan el sentir de toda una comunidad. De acuerdo, pero no dejan de ser sintomáticas junto con las caras largas que tienen muchos sanandresanos y que unidas a las opiniones de algunos comerciantes, restauranteros y hoteleros, dejan un extraño tufillo de malestar e inconformidad.

Aunque se ven obras y el gobierno seccional muestra cifras halagadoras que deberían ser motivo de esperanza, prima una desazón que sumada al abandono de las calles y las playas, la falta de cultura ciudadana, los andenes letrina y los contrastes entre la opulencia y la miseria, son un caldo de cultivo del que cualquier anarquista podría aprovecharse.

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Hay rabia en San Andrés y creo que el gobierno central debe no sólo recoger los pasos, sino revisar si todo cuanto dijo y aseguró se está cumpliendo, para que ello no se convierta en las tantas letras muertas con que se apagan los incendios momentáneamente.

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