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La palabra de las Farc

10 de mayo de 2012 - 06:00 p. m.

Los bobos somos nosotros, que andamos creyéndoles a las Farc sus reincidentes promesas incumplidas y sin embargo les comemos cuento.

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Que hay voluntad de paz. Que hay acercamientos. Que no más guerra ni más muertos.

La verdad es otra. La insurgencia narcoterrorista no puede vivir sin sembrar, cosechar y vender coca. Y tampoco puede vivir sin matar (vaya paradoja). Sin colocar bombas hasta en la paloma de la paz. Sin atentar miserablemente contra la población civil. Sin instalar por doquier los minas antipersonas. Sin reclutar niños y, lógico, sin secuestrar, para no seguir con el interminable rosario de atrocidades que jamás van a dejar de cometer.

La esencia y la razón de ser de la guerrilla no son otras que el negocio de la sangre y la muerte, de la extorsión y el boleteo, de la destrucción y la anarquía.

¿Hasta cuándo, por Dios, seguiremos pensando que cualquier arreglo por las buenas está cerca, si dicen una cosa y sencillamente, y sin importar sus promesas, hacen otra?

Lo del periodista francés —si es que no es un autosecuestro— es el último capítulo de las burlas a que nos tienen tan acostumbrados como decepcionados. ¿Cómo es posible que anuncien que no van a volver a secuestrar y a las pocas semanas hagan todo lo contrario?

Ahora bien: considerarlo “prisionero de guerra”, más que una aberración es un justificador —para ellos— que a nadie convence y peor aún el proponer un juicio a la libertad de prensa o como se llame el exabrupto de sus recientes declaraciones.

Y todo terminará —si es que no lo matan o ya lo mataron— en otro champú con cámaras, periodistas extranjeros, helicópteros, Cruz Roja y toda la parafernalia que le dará la vuelta al mundo y les dará visibilidad y vigencia mostrándose como los santos del paseo, falacia que sin embargo les creerán los idiotas útiles y sus compinches enquistados en el extranjero.

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