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La última Navidad

12 de diciembre de 2025 - 12:05 a. m.

El papá de un viejo colaborador anda por Cali haciéndose un tratamiento porque la medicina ancestral de ungüentos –aguas de no sé qué, infusiones de yerbas y otros menjurjes– no pudo curarle y decidió venirse a que lo trataran particularmente en una reputadísimo clínica.

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Tuve a bien visitarle y me alegró su pronta recuperación. Está en manos de un afamado galeno y unos excelentes servicios de ese centro asistencial. Don Serafín está pagando en efectivo, pues, según me pude dar cuenta, anda embilletadísmo, producto de haber trabajado y ahorrado por más de 80 años de sol a sol.

Me llamó la atención la actitud de este campesino que economizó toda su vida para los achaques de la vejez y, más aún, que levantó una familia y ya es hasta bisabuelo con una pobreza digna en medio de no pocas vicisitudes.

Don Sera se alista para volver a su pueblo a celebrar la Navidad con su nonagenaria esposa y toda su descendencia. Advierte que, pese a los buenos resultados de su tratamiento, quiere que sea este su último diciembre.

El municipio en el que ha vivido desde antes de nacer y en donde ha funcionado su revueltería ha recibido cinco ataques de la narco guerrilla en los últimos dos años y el más reciente, hace tres semanas, le patasarribó su tienda.

La narración de los momentos de angustia y terror lo erizan a uno y las amenazas de los inminentes ataques con drones no dan espacio para la calma y el sosiego. Es esperar los bombazos noche tras noche sin esperanza alguna de que las cosas mejoren.

Por eso Don Sera, a comienzos del año entrante, venderá su negocio y su casita y se irá a un modesto barrio de Popayán que, según me dijo, “es un vividero más seguro”.

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