LEJOS DE DEDICARSE A LA VIDA MUELLE, a usufructuar de su posición de ex, refugiarse en algún país o a escribir sus memorias como tantos de sus antecesores. Lejos de darle la espalda a su patria o extasiarse oyendo crecer la yerba. Lejos, muy lejos de todo lo anterior y más, se encuentra Álvaro Uribe Vélez.
Sus ya célebres sin empezar talleres democráticos son, además de un ejemplo, un excelente escenario político para pensar más en programas y soluciones que en personas y personajes. Eso de recorrer el país —con los riesgos que ello implica— a oír y escuchar en escenarios imparciales y constructivos es un gratificante ejercicio en el que predomina el amor por Colombia y el sincero deseo de seguir aportándole a su país argumentos para su progreso y desarrollo.
Ninguna agenda secreta. Ninguna carta marcada: de manera transparente Uribe y su equipo se han propuesto en este periplo conocer, pulsar y, si es del caso, aportar un grano de arena que sirva para analizar región tras región, para producir diagnósticos ajenos a individualismos y trivialidades.
Con ese estilo que cautiva y que añoran miles de colombianos de las más distintas condiciones, los expectantes talleres democráticos de Álvaro Uribe son un eslabón más en su carrera política que busca consolidar a un estadista que nos recuerda a los verdaderos dirigentes ideológicos de aquella Colombia cuyos postulados se perdieron en los cacicazgos y la inmoralidad.
Sabe el ex a lo que se expone. Para sus malquerientes —menos mal pocos— es como echarle sal a una herida abierta, pero para esa inmensa mayoría que no lo deja bajar del pedestal de la fama y de la gratitud, es la mejor recompensa y la oportuna retribución a sus incontables aciertos durante su mandato.
Carta de navegación, brújula o como quieran llamarle, las conclusiones de estos talleres marcarán una nueva forma de hacer política y determinarán —así lo quiera Dios— el rumbo de este país pujante, optimista, reconocido y orgulloso de su nacionalidad como es la Colombia que dejó hace cinco meses y cuyos frutos están usufructuando aun los que sembraron vientos esperando cosechar tempestades.