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Ni abrazos, ni besos, ni caricias…

13 de marzo de 2020 - 12:00 a. m.

La maldita pandemia del coronavirus nos cogió con los calzones abajo. Los efectos colaterales del riesgo de infectarnos van a acabar con las manifestaciones del corazón y nos van a convertir en unos robots insensibles, pues no podremos expresar nuestros sentimientos y menos darles rienda suelta a nuestras pasiones.

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No más abrazos: estábamos acostumbrados a este detalle de afecto y solidaridad que ahora ha quedado prohibido. Igual sucede con los besos en las mejillas y aquellos “andeniados” que disimuladamente se acercan a los deseados labios de la otra persona. Y ni hablar de aquellos de película de los años 50, que duraban toda una canción y nos ponían a trepidar, porque ahora como la costumbre es dos cucharadas y manos a la presa, esas antesalas se acabaron. Los unos y los otros pasaron a mejor vida por cuenta del matapasiones del virus ese.

¿Y qué de las caricias, las contemplaciones y los mimos? También “chuliados”, pues han quedado vetados por la OMS en los entresijos de sus prevenciones, recomendando ahora el saludo de zapato o de codo o de puño, o la subida de ceja, la manito saludando a la distancia y, si se quiere llegar más lejos, el guiño o el “picado del ojo”. Todo un cambio en las buenas maneras y la urbanidad de Carreño.

Total, se acaban las cercanías, las calideces, las ternuras y las terneces. Y como si esto fuera poco, ¿qué sucederá con los encuentros íntimos? ¿Cómo practicar las relaciones con desconocidos(as) sin correr el riesgo de contagiarse?

Según nos dicen, la vacuna tardará años, previéndose, por lo tanto, una reducción en la tasa de natalidad, lo cual puede ser hasta bueno y tocará practicar la autoestimulación, que será indiscutiblemente lo más seguro, porque hasta darse la mano quedó proscrito y ahora la moda también es saludarse con el puño, o sea a los trompicones.

P.D. Erradicar manualmente las 212.000 hectáreas de coca que están sembradas en todo lo largo y ancho de nuestro territorio tardará más de 80 años si no se siembra una mata más. A ese paso nunca acabaremos con la causa de todas nuestras desgracias. Ahí les dejo la inquietud.

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