El desafortunado paro previsto para el próximo 19 de agosto como que lo van a adelantar en Popayán.
Fuentes de alta infidelidad han expresado que entre el lunes y el miércoles entrantes se producirá un nuevo bloqueo al norte y al sur de la ciudad blanca, incomunicándola y, como sucedió hace algunos meses, la ciudad que más presidentes le ha dado a Colombia quedará de nuevo totalmente aislada del resto del país.
Para esta ocasión, las cosas pintan peor. Tres grupos indígenas se van a pelear la supremacía regional y ya están movilizando a sus gentes para medir sus seguidores. A su turno las Farc han ordenado que, en aquellos sitios en que tienen presencia, de cada casa tiene que ir al paro una persona o si no que se atengan a las consecuencias.
A lo anterior se sumarán mineros y caficultores, y faltan datos de otros municipios, con un agravante adicional: según dicen, este bloqueo está programado para dos meses.
Al parecer, los ingentes esfuerzos que están haciendo algunos parlamentarios caucanos ante el Ministerio del Interior para tratar de evitar esta nueva parálisis del sur del país no han tenido mayor eco, como tampoco los mensajes de urgencia que se han enviado a la Casa de Nariño, en una actitud que califican de torpe porque pudiéndose prevenir este lamentable insuceso se van a esperar a que se crezca el enano para actuar.
Para no citar sino un ejemplo, la producción de leche del Cauca y Nariño es de 140.000 litros diarios —entre lo que recogen Alpina, Alquería e Inducolsa— y si no sale para Cali, la capacidad de almacenamiento da para seis días máximo. De ahí para adelante hay que botarla, lo cual aumentaría la crisis económica de la región.
Ojalá algo pueda hacerse para conjurar este paro y/o bloqueo que sólo dejará más miseria, más heridas y no pocos muertos. Si esta situación se estuviera viviendo en Cundinamarca e incluso en Boyacá, ¿se dejaría prosperar? Pobre el Cauca, tan cerca de las Farc y tan lejos de la Presidencia que tantas veces ocupó.