Sigue el fantasma del centralismo merodeando en torno a lo que le pueda generar poder y recursos para direccionarlos a su antojo y de acuerdo a sus intereses sabaneros.
En esta oportunidad el turno es para las corporaciones encargadas del manejo de la gestión ambiental, restándoles autonomía y atentando contra la regionalización que el mismo Gobierno ha predicado.
Se ha conocido de un proyecto en tal sentido que las modificaría constitucionalmente, dejando a tales corporaciones dependiendo de una burocracia ignorante de lo que sucede en las regiones, en donde la mayoría de las CAR prestan un servicio eficiente y ejemplar.
Ahora, que haya problemas en algunas y que sea necesario meterles el diente es otra cosa, pero no para llegar a tales extremos en los que pagarían justos por pecadores con una medida antipopular y que está siendo rechazada en todo el territorio nacional.
¿Se imaginan ustedes a unos burócratas sin conocimiento alguno de cada rincón de nuestra geografía pontificando y trazando derroteros de manera por demás inconsulta e irresponsable?
Pues a eso estamos abocados con semejante despropósito regresivo, que les quita además a las CAR que sí funcionan como Dios manda unos recursos para enviárselos a quienes ya sabemos dónde, cuándo, para qué y por qué.
Para no citar sino un solo ejemplo, la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CVC), luego de librarse de la politiquería y la corrupción que estas trajeron consigo hace unos años, cumple hoy una gestión intachable y es autosuficiente gracias al manejo austero y eficaz, al conocimiento, a la experiencia, al profesionalismo de sus colaboradores y a la mística que se ha logrado recuperar.
Pueda ser que esta amenaza sea desvirtuada y engavetada con un gran movimiento territorial que le haga ver al Gobierno los peligros de dar una marcha atrás que sólo traerá un paquidermismo inútil y una puñalada trapera, urdida por intereses distintos a los que les dieron su razón de ser.