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¿Que en San Andrés no pasa nada?

31 de marzo de 2011 - 10:00 p. m.

HASTA RAZÓN TIENEN QUIENES VIVEN en y de San Andrés, al manifestar —frente a lo que está sucediendo en la isla— que allí no pasa nada. Y lo afirman tapando el sol con las manos porque no les conviene que se sepa la realidad que padece este ícono del turismo nacional.

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Comercio, hotelería, finca raíz, restaurantes y en fin toda la economía que se mueve allá dependen de la buena imagen de esta isla, vacacionadero de miles de colombianos y otros tantos extranjeros que van a extasiarse y a disfrutar de sus playas, su mar, su paisaje y lo que ha logrado hacerse en infraestructura tras años de trabajo y sacrificio.

Sin embargo, lo que antes fue un verdadero paraíso —pacífico además— es hoy un sitio peligroso en el que las mafias del narcotráfico se han asentado para desde allí despachar la droga maldita a Centroamérica, EE.UU. y Europa. Y claro, estas organizaciones se pelean las rutas y el comercio a punta de sangre y fuego.

La realidad es espeluznante: asesinatos en plena calle, panfletos amenazantes, desaparecidos, balas perdidas y en fin todo lo que acarrea una guerra sucia es de diaria ocurrencia, al punto que pese al hermetismo acordado, se ha logrado filtrar el día a día que padecen los isleños.

Y si a lo anterior le sumamos el manicrucismo de la administración departamental, seriamente cuestionada por aparentes malos manejos que incluyen acusaciones de entrega de coimas a las cabezas de su dirigencia política isleña, he ahí un cuadro francamente desesperanzador.

Urgen acciones de choque frente a esta situación enrarecida que van desde depurar y reforzar el pie de fuerza hasta diseñar planes de resocialización de una juventud atraída por el lavaperrismo que es pan hoy y hambre mañana.

Lo que pasa en San Andrés no es nada distinto a lo que sucede en el resto de Colombia, dijo a Sirirí un sanandresano tratando de minimizar la propuesta de una alerta amarilla, que sería el primer paso para poner orden en la casa. Sin embargo, ese pequeño territorio no puede ni heredar lo malo que aqueja a nuestras ciudades ni menos ser ciego y sordo ante lo que, de no solucionarse, convertirá en un infierno lo que siempre ha sido y ojalá siga siendo el paraíso colombiano en el Caribe.

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