¿USTED O SU EMPRESA LE DARÍAN trabajo a un ex guerrillero desmovilizado?
Esta es la pregunta del millón que se vienen haciendo quienes impulsan los programas para la reintegración de miles y miles de colombianos que desertan de los grupos armados en busca de un mejor futuro.
Y es que no se trata de “ganar la guerra” o de sacar pecho porque “la guerrilla está acorralada” o porque “les están dando chumbimba ventiada” y van a acabar con todos esos bandidos.
No, aquí matamos el tigre y nos asustamos con la piel: si queremos la paz, ésta no la vamos a conseguir ni a preservar exterminando a los 40 mil guerrilleros entre combatientes y milicianos que aún tienen en jaque al Estado de Derecho y lo cual a más de un imposible, sería una masacre.
El número de desmovilizados aumenta mes a mes. Se trata de jóvenes campesinos que militan por necesidad y conveniencia en unos grupos armados que los tienen bajo el régimen del terror y quienes en su mayoría están hartos de esa vida y quieren otros horizontes.
Empero no siempre lo hacen, por miedo a que los maten en el intento o que los persigan, los recapturen y los fusilen o que los organismos del Estado no los acojan o los desatiendan y les resulte peor el remedio que la enfermedad. Sin embargo, la cifra crece y hay que brindarles a estos compatriotas la oportunidad de que se integren a la vida civil.
Y no sólo con los subsidios que les da papá gobierno en dinero y en especie porque esto es pan para hoy y hambre para mañana pues les servirá en un principio pero luego les hará un daño relegándolos a una condición de parásitos de la comunidad.
Es por tanto urgente que la sociedad civil, gremios, empresas, iglesia, medios y en fin, el hombre de la calle, no sólo tomen conciencia de que los desmovilizados son un paso definitivo para la paz, sino que se apersonen de la situación para que el problema no sea mayor y se convierta, como ha sucedido en algunos países de Latinoamérica, en un monstruo de mil cabezas mucho más difícil de manejar que cuando estaban dando plomo en el monte.
O invertimos en la paz de Colombia o la guerra jamás se acabará.