La insólita, pero esperada actitud de los españoles de —ahora sí— reclamar su tajada en el tesoro del galeón San José, es típica de quienes durante siglos han chupado rueda de lo que ellos siguen considerando sus dominios.
Vulgares, por decir lo menos, las declaraciones del ministro de Asuntos Extranjeros de ese país exigiendo la titularidad de lo que nunca les interesó y nada hicieron por recuperarlo, y solo cuando apareció “su” galeón, sacan a relucir convenciones de la Unesco y otras tinterilladas que francamente producen grima.
Caraduras que son venir a exigir un ínfimo tesoro frente al robo que nos hicieron no solo del oro, sino de miles de valores que pisotearon durante siglos y que por esas cosas de la vida les perdonamos hasta llamarles “la madre patria”.
El galeón hundido en 1705 por la armada inglesa frente a nuestras Islas del Rosario es de Colombia. Entregarlo y hasta compartirlo sería una renuncia más a nuestra dignidad y equivaldría a perder buena parte del respeto que nos queda como nación soberana.
¿Quieren más los españoles luego de todo lo que nos quitaron a sangre y fuego? ¿No es suficiente con ello y con la forma con que algunos españoletes aquí asentados hacen con nuestros coterráneos como si estuviéramos en la época de la colonia?
Hagamos una comparación entre lo que ya se llevaron y lo que pretenden arrebatarnos y verán que nos quedan debiendo.
Trasantier fue Panamá. Antier fue la Guajira y nuestra Amazonia. Ayer fue Nicaragua y hoy es el galeón San José. ¿Qué vendrá mañana?
Definitivamente Colombia sigue siendo El Dorado al que no cesan de robar.