Serios cuestionamientos se plantean en torno a la conveniencia ecológica de la llamada industria sin chimeneas, entendiéndose por tal la afluencia turística en playas, llanuras y montañas de propios y extraños y la construcción de hoteles, hostales y paradores, carreteras y aeropuertos a esos destinos que llaman paradisiacos.
Pero vayan a ver si de verdad se trata de paraísos. que seguramente lo fueron antes de que llegaran las chanclas y las pantalonetas, las gafas de sol y las mochilas, las neveritas de icopor y las latas vacías, los snacks y las cajas de lechonas y rellenas.
Aquí, como todo lo hacemos sin planificación alguna y sin el más mínimo respeto por el ecosistema, las pocas leyes que rigen esta actividad permiten construcciones irregulares —siempre tratando de exprimir al máximo los espacios— además de invasivas, violatorias desde el derecho a la intimidad hasta de los espacios públicos, sin prever la capacidad de las alcantarillas, los andenes, los estacionamientos, para no mencionar todo cuanto se hace en “aras del progreso”…
Y si a eso le sumamos unos usuarios que ensucian, destruyen, ofenden, degeneran e irrespetan dejando a su paso una estela de basura e inconsciencia, uno se pregunta si de verdad vale la pena que seamos tan permisivos porque lo que estamos viendo y padeciendo es un turismo arrasador, grotesco y grosero.
No hay sino que ver en lo que quedan convertidas las playas, el mar, las riberas de los ríos y los ríos, las calles, las plazas y todo cuanto “tocan” esas hordas hirsutas de turistas, luego de sus infames y sus poco gratas estadías, que solo dejan unos arrugados pesos: Qué vergüenza y qué degradación de los seres humanos convertidos en buitres y gallinazos.
El Ministerio de Turismo, parejo con el estímulo de la inversión en esta actividad y en la promoción de nuestros sitios representativos, debería —por respeto, dignidad y por ley— educar, concientizar y castigar a esos depredadores que cual plagas de langostas dejan a su paso destrucción como una prueba más de que el ser humano es el peor animal de la creación.