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Un golpe bajo y amargo

08 de octubre de 2015 - 09:00 p. m.

La sanción impuesta por la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) a la industria azucarera colombiana más parece una retaliación con cierto tufillo político-revanchista que una justa decisión a la luz del sano ejercicio de control por parte del Estado.

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Esa multa histórica de $334.000 millones, que equivale a lo ganado por el sector en dos años y medio y que cobija a 12 ingenios —11 del Valle del Cauca y uno de Risaralda—, al igual que a tres importantes gremios —uno de ellos Asocaña— y 14 personas vinculadas al sector, le asesta un golpe mortal a una actividad que es la mayor generadora de empleo de esta región del país.

Ayer fue la bajada del arancel para la importación del azúcar y hoy es la sanción de marras que les significa a los ingenios un freno en seco para proseguir con sus actividades. En efecto, para muchas de estas factorías, semejante desangre afectará su P&G, pondrá a tambalear su producción y, lo que es peor, sus plantas laborales, y, lógico, la generación de nuevos empleos, que entre directos e indirectos se acercan al millón de personas, en las que están cultivadores de la caña, corteros, paneleros, los susodichos ingenios, los dulceros y las nuevas actividades de la cañicultura, como son la producción de etanol, energía y demás.

Aunque semejante exabrupto será demandado e irá hasta sus últimas consecuencias para evitar la masacre económica y laboral que podría sobrevenir, la presión por parte del sindicato antioqueño tratará de impedir a como dé lugar que se falle en justicia. Como se sabe, la industria dulcera paisa será la gran beneficiada, porque, si tuviera ingenios, no estaríamos en estas.

Así como los cafeteros son escuchados a las buenas o a las malas, igual deberían hacer las industrias azucarera y panelera, porque el problema no es de unas cuantas familias —como equivocadamente suele afirmarse—, sino de municipios y pueblos enteros del Valle del Cauca que viven de la cañicultura y que ven con pavor que semejantes multas desestimulen a sus patrones al verse obligados a reducir sus operaciones o a cerrar sus factorías o, lo que por ahí dicen, que tengan que vender sus empresas a quienes les están atacando por debajo de la mesa para así consolidar su monopolio…

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