El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Un respiro editorial

07 de mayo de 2009 - 09:19 p. m.

LA MARAÑA DE PUBLICACIONES COlombianas como que tiene un rasero: La crítica, la denuncia, el señalamiento.

PUBLICIDAD

Los medios impresos —en especial las revistas— vienen cargadas de tigre en cada una de sus entregas y pareciera existir un pugilato a ver cuál da la puñalada más feroz y cuál se lleva la cada vez más esquiva lecturabilidad que es proporcional a la pauta y a las suscripciones.

Los ríos de tinta destilan venenos cuando no justos demostrativos de que la guerra se libra también en las redacciones, en las columnas de opinión y en los comentarios a las mismas atrincherados por el anonimato. Con o sin razón, hay lecturas que a ratos descomponen y tienden a generar escenarios apocalípticos que desesperan y crean desesperanza y hay quienes esperan con demencial sevicia el próximo número de estas publicaciones para saciarse leyendo a ver a “quién se tiran”.

Sin ser innegable el papel fiscalizador de algunos medios —que hacen las veces de las “ías”— llega un momento de empacho del lector que repele tanto escándalo que vende casi tanto como los chismes y la pornografía.

Por otra parte, hay publicaciones que caen en lo superfluo y en lo banal. Revistas sobre todo que se ojean y que presentan una literatura —si así se pudiera llamar— totalmente chatarra, light y hasta amarillista, pero que tienen su mercado y harto.

Todo lo anterior para referirme a la cuasicentenaria Cromos que anda estrenosa de orientación, diseño y contenido. Sin haber perdido su tradición de informar y recrear, se presenta ahora como una nueva opción para quienes dicen estar intoxicados con tanto señalamiento, tantas batallas, tanta acidez, tanto protagonismo del que al final y desafortunadamente poco o nada queda.

Me gusta esta renovación de Cromos que rescata la crónica sabrosa, la entrevista imparcial, la cotidianidad del esparcimiento e incluso la desconexión con esa otra Colombia que sufre y padece pero que también se merece un respiro editorial como éste.

Mal llamada revista de peluquería, ningún colombiano ya adulto podría negar haberse encontrado en sus páginas con la historia del día a día de su país. Y ello, en esta nueva etapa a fe que lo logrará. ¡Enhorabuena!

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias