Esta temporada navideña y de Año Nuevo es una época ideal para visitar y deleitarse en la bien llamada Sucursal del Cielo, Capital Mundial de la Salsa y, a mucho honor, designada recientemente Capital Americana del Deporte.
Pese a las dificultades por las que ha atravesado, y cual ave fénix, Cali está logrando superar el inri que le dejó el narcotráfico con una apuesta de principios y valores que ha calado en una juventud, que ya sabe que los caminos del dinero fácil solo producen violencia y desintegración.
Hoy Cali se muestra renovada, alegre y optimista sacando adelante su sistema de transporte masivo —Mío— y una actividad cultural en la que no hay semana que no se realicen tres o cuatro eventos, la mayoría de ellos sin ningún costo, para solaz y esparcimiento de propios y extraños.
El deporte, por su parte, es otro atractivo familiar de salud y cohesión. Parques —que son muchos— y ciclovías, —que son más— repletos en las madrugadas y anocheceres, son un claro ejemplo de su buena “vibra” y su ambiente es propicio para bailarla y cantarla porque, eso sí, la música sale por los poros en una sinfonía multiétnica que genera solidaridad y rompe barreras al son de esas canciones en las que no faltan Jairo Varela, Yuri Buenaventura y José Aguirre, en las diferentes escuelas y discotecas de salsa, y en puestas en escena como Delirio, este último, imperdible e icónico de nuestra idiosincrasia.
Precisamente, dentro de 15 días se dará inicio a la versión 61 de la Feria de Cali, máximo exponente de la caleñidad, con sus 55 presentaciones que incluyen el Festival de Orquestas, la Calle de la Feria, artistas internacionales invitados, temporada taurina, Desfile de Autos Antiguos y otras muchas actividades en las que no faltan los deportes, el avistamiento de aves y un sano espíritu pachanguero que para conocerlo hay que vivirlo, sin dejar de mencionar la gastronomía del Pacífico para delicia del paladar.
Algo destacable de esta Cali, alumbrada sobriamente, hospitalaria y gentil, es que el 90 % de los certámenes feriales serán totalmente gratuitos y que hay hoteles y hostales para todos los gustos y bolsillos. Así que, anímense y vengan —o mejor vuelvan— a darle ese gustico al reconfortante derecho a la diversión.