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¿Y el Cauca qué?

13 de junio de 2013 - 06:00 p. m.

Sigue el departamento del Cauca poniendo muertos, viviendas destruidas y miles de desplazados.

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Sigue poniendo pueblos fantasmas y, paradójicamente, sigue en el más absoluto de los olvidos.

La mayoría de sus fuerzas vivas parecen muertas y muchos de sus gobernantes y legisladores de turno lo único que hacen es sobreaguar, pasar de agache y esperar impávidos y aculillados la nueva incursión guerrillera que dejará una estela de ruina y de miseria. Las Farc siguen enseñoreadas en esos pueblos olvidados en los que a la fuerza pública le dan sopa y seco sin que nadie se pronuncie en favor de unos compatriotas que viven perdiendo el trabajo de sus vidas y sus vidas mismas. Nadie se acuerda de sus desgracias y sus miserias y el Estado ya ni se pronuncia, avergonzado —creo yo— de tanta promesa incumplida, aunque con amplia difusión en los medios capitalinos.

Mientras esto sucede, los negociadores narcoguerrilleros se apean de los lujosos Mercedes Benz y disparan con su retórica trasnochada exigencias imposibles al menos de estudiar, sólo con el ánimo de ganar tiempo e ir apretando al gobierno en un pulso criminal en el que, repito, el Cauca pone los muertos, la destrucción y los desplazamientos.

Y uno se pregunta: ¿qué plan de contingencia real, sí, real, ofrece el gobierno a estos miles de damnificados, distinto a visitas relámpago para ofrecer el oro y el moro y después olvidarse de ellos? Pero como allá no hay quien proteste y quienes debieran hacerlo viven de lo más rico, pues que siga la matazón y que canten El sotareño y hablen de sus poetas y sus estatuas. De algo sí estoy seguro: Si esos pueblos arrasados estuvieran cerca de Bogotá, hace días se hubieran acabado los diálogos de paz, porque una cosa es sufrir en carne propia el costo de tratar de ponerle fin a la guerra y otra, informarse por ahí, y de refilón, de lo que está sucediendo allá a lo lejos en uno de los departamentos más olvidados de Colombia.

 

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