El acierto de la campaña de Donald Trump, más allá de evaluaciones morales, legales o médicas, es que le da a su gente lo que más pide, que es entretenimiento. Saben él y los suyos que, como decía Domenach, las masas se aburren, más aún con las limitaciones de la pandemia, y necesitan acción, show y emoción antes que discurso y verbalización.
Eso explica su puesta en escena melodramática en el debate reciente, con su aire de Guasón que los caricaturistas han sabido aprovechar. Y luego las escenas delirantes de su ingreso al hospital, su firma en hojas en blanco, su desafiante paseo en automóvil en medio del tratamiento y hasta las contradicciones entre médicos y asesores de prensa, que han alimentado el culebrón con el que se narra su presunto contagio y le han dado más verosimilitud al mito que trata de construir: que él y los que representa están por encima de leyes, enfermedades, pero sobre todo de la verdad.
Difiere en mucho de Biden, su rival, por coherente o equilibrado que parezca, que asienta todo su proyecto en los decires a una audiencia que quiere ver, sentir, y reclama acción, por encima de virtudes como la paciencia o el aura de víctima por parte de un atarbán.
Así era hace unos años la contienda política por estos lares. Un Uribe jalonando flashes y cámaras en flashmobs en las que no solo era protagonista sino su propio narrador. De aquella versión solo queda la palabrería en redes sociales, en el tiempo que le queda de defenderse de procesos, investigaciones y señalamientos, perifoneada por áulicos que se extraviaron en el insulto pero se quedaron en la inmovilidad, y cuyo mejor exponente, a veces retrato, a veces caricatura, es el ultrapasivo presidente de la República.
La oposición, inmersa en el mismo tedio, se debate entre el discurso monolítico y la repetición de sus acciones encarnadas en marchas y paros, como el que anuncian para el 21 de este mes.
Ese es el drama de la neopolítica: o emocionas o desapareces. En ambos casos, sin proyectos o programas, perdemos los demás.
www.mariomorales.info y @marioemorales