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Pasar la hoja

29 de abril de 2014 - 08:48 p. m.

Lo que molesta es la falta de ganas, la desidia. En los pobres guarismos de las encuestas está el premio a su desdén.

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Pero ni así se quejan. Conformes con su suerte, los candidatos presidenciales se fueron por el menor esfuerzo, es decir, maquinarias, clientela y giros.

Huérfanos de carisma, no se entiende que no quieran enamorar a sus públicos. Porque no llegar al 30% de favorabilidad a quien marcha acaballado en cuatro años de historia, es vergonzoso. Celebrar porque al cabo de tanto inflamil otros llegan al 15%, es un despropósito.

Que su imagen no transmita, se les perdona; a veces la naturaleza se ensaña. Quizás sea por eso que las emociones que apenas “despiertan”, según Ipsos Napoleón, sean curiosidad cuando no confusión.

Pero no aprenden. Van de espaldas a la tradición en comunicación política. Tratan a los medios con desprecio. No conocen sus lógicas. No saben de seducción. La truecan por engaños.

Incapaces de hablar sin libreto, creen que comunicar es aparecer o registrar. Echan por la borda ese acervo donde la razón o la emoción levantaron imperios o destruyeron mitos. Confunden propaganda política con publicidad, frases de cajón con ideología y declaraciones con discurso político.

Y sus escasas ideas no saben decirlas hasta los límites del sueño o la utopía. Ignoran que es en el lenguaje, la imagen y el símbolo donde nacen y mueren los grandes proyectos, donde resucitan o se entierran las culturas.

La prueba reina no es que algunos los odien sino que sean más quienes no los conozcan y que sean incapaces de generar opinión, como dice Ipsos Napoleón que les pasa a todos aunque en menor proporción, como es obvio, al binomio Santos-Vargas Lleras.

Que a estas alturas del conocimiento, y con tal grado de infoxicación, haya tanta desconexión con sus gentes, muestra su descomunal ineptitud.

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Ni ese desamor quedará para la historia. Sin mensaje y sin afectos, sólo queda el fracaso. Que llegue ya el 2018.

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