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Trato inhumano y amenazas

08 de enero de 2012 - 06:00 p. m.

Y volvió a crecer la amenaza. Como no había sucedido en los últimos seis años, 121 periodistas la vivieron en carne propia durante 2011, en 94 casos que pudo documentar la FLIP.

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Ese fue el factor más perturbador en el ejercicio de la libertad de prensa en un año particularmente difícil, como suelen serlo los de elecciones. Prueba de ello es que de las amenazas, cerca del 20% provinieron de políticos y 18% tuvieron origen en las llamadas bacrim.

De allí el ambiente de autocensura que marcó el cubrimiento del ejercicio del voto, bien por presión directa, pauta publicitaria o por inmersión o contagio de los reporteros en las campañas. En ese cubrimiento brilló por su ausencia el estado real del orden público y la injerencia de grupos ilegales en las decisiones regionales.

Según el informe hubo algún tipo de agresión contra un comunicador cada 53 horas en promedio. Alto, para un país que se ufana de brindar garantías plenas a la prensa. Si bien disminuyeron la estigmatización y el exilio, con dos casos respectivamente, emergió el preocupante trato inhumano, con 22 víctimas documentadas. Nada raro aquí, donde campea la adulación a la hora de la vitrina o el free press como máscara del desprecio y odio que manejan ciertos representantes del poder a la hora de referirse a los periodistas que cumplen con su deber.

Y cuando todo lo anterior no funciona aparece la obstrucción, desde la más cruda hasta las ardides revestidas de legalidad, como pueden certificar por lo menos once de nuestros colegas.

Increíble que Antioquia y Bogotá sean, con Cauca, Arauca, Cesar y Magdalena, las zonas con mayor riesgo para el trabajo periodístico.

Y lamentable que en los primeros once meses de 2011 el balance de la lucha contra la impunidad por el asesinato de periodistas, al que hace seguimiento la FLIP, no sea halagüeño. De 139 casos observados desde 1977, sólo 17 han tenido sentencia condenatoria y 4 tienen resolución de acusación. De 57 no hay información y otros tantos ya prescribieron.

Sin duda, fue un año “desafiante y trágico” para el continente, según la SIP, y para el país, que no ha podido salir de la zona roja que mina nuestra pretendida democracia.

@marioemorales y www.mariomorales.info

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