Parece que las ideas que se les ocurren a los genios de la tecnocracia colombiana siempre están relacionadas con afectar los ingresos de la clase media y los más pobres, tal como la propuesta de gravar con IVA la canasta familiar. Por fortuna, hay otras personas y organizaciones que sí están pensando en el bienestar de la población y en verdaderas fórmulas para reactivar la economía.
Ocho centros de pensamiento, conformados por las unidades de estudio fiscal de las universidades Los Andes, Nacional, Javeriana, Externado y Rosario, además de Dejusticia, Fescol y Cedetrabajo, presentaron al país propuestas de reforma tributaria bajo principios de progresividad, con el propósito de mejorar el recaudo y contribuir a la recuperación económica. Además, se cuenta con el respaldo de varios integrantes de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional, liderada por Joseph Stiglitz, ganador del Nobel de Economía. Nadie podrá negar que es obligatorio tenerlas en cuenta cuando el Gobierno presente la próxima reforma al Congreso.
Algunos planteamientos son los siguientes:
Crear un test de proporcionalidad para evaluar los beneficios tributarios que reciben, principalmente, las grandes empresas en Colombia, que en 2018 disminuyeron el recaudo en $17,45 billones.
Rechazar categóricamente el IVA a la canasta familiar. En cambio, se puede crear una sobretasa al consumo de los hogares más favorecidos. Se cobraría por medio del impuesto a la renta de las personas naturales.
La creación de un registro de beneficiarios finales y acuerdos automáticos de información. Se refiere a la operación de sociedades anónimas y fondos de inversión, en los cuales no se sabe quiénes son las personas naturales dueñas de estas empresas ni en dónde están radicadas. La Alianza Global por la Justicia Fiscal ha calculado que estos mecanismos producen en Colombia una elusión de impuestos por aproximadamente $43 billones al año. Asimismo, esto derivaría en que el impuesto a los dividendos pueda incrementar el recaudo.
También se propone un impuesto verde que no castigue a las personas más pobres y empresas más pequeñas, sino que promueva una transición energética e impuestos a la economía digital.
Otras ideas no han sido acordadas por los ocho centros de pensamiento, pero hacen parte de la agenda a debatir, como tarifas marginales de impuesto a la renta de personas naturales más altas, que podrían hacer reducir los impuestos a empresas, además de crear tarifas diferenciadas por tamaño de empresas. Asimismo, será fundamental reconocer la importancia de una propuesta con enfoque de género.
Queda claro que las únicas ideas a considerar en la próxima reforma no podrán ser las del ministro Carrasquilla ni las de las entidades como ANIF, sino que existen lógicas sensatas a tener en cuenta.