Mientras el mundo se prearaba para un partido histórico, el martes 8 de julio, el gobierno colombiano anotó el primer golazo del día. Una comitiva presidencial viajó a Inírida, Guainía, para presenciar la declaración del sexto sitio Ramsar que tiene Colombia: la Estrella Fluvial de Inírida. Ramsar es una figura de conservación internacional que protege lugares estratégicos por su riqueza en agua y biodiversidad y ecosistemas de agua dulce. Los humedales son ecosistemas invaluables para nosotros: se encargan de regular el ciclo del agua y los nutrientes, de protegernos de las inundaciones y sequías y de albergar a miles de especies.
La Estrella Fluvial de Inírida es un mosaico de bosques y sabanas y un complejo de ríos y humedales donde cuatro ríos de colores y orígenes diferentes se unen para darle vida al Orinoco. El área declarada abarca 253 mil hectáreas y es única por su inmensa diversidad biológica, donde se encuentran más de 900 especies de plantas, 470 de aves, 400 de peces, 200 de mamíferos y 40 de anfibios. La figura Ramsar le va a garantizar a Colombia proteger su capital natural y al departamento de Guainía la posibilidad de generar un modelo de desarrollo en el Alto Orinoco más verde a través del ecoturismo y la posible generación de empleo.
Durante la declaratoria el presidente Santos afirmó que “preservar el medio ambiente es prioridad para el país y en eso no nos podemos equivocar”. Tiene razón: no nos podemos equivocar. Esta declaratoria, al igual que la reciente ampliación del Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, son grandes pasos que ha dado el Gobierno Nacional para avanzar en el marco de la Resolución de “las reservas de recursos naturales”, zonas que están blindadas de la minería temporalmente mientras el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) termina los estudios para delimitarlas y declarar su protección. Es fundamental que el Gobierno siga avanzando en la protección de áreas de importancia ecológica como las praderas de pastos marinos presentes en las zonas marino costeras, el bosque seco tropical y lugares de gran riqueza en agua.
Este es un momento clave para reforzar que la conservación es una pieza fundamental para garantizar el desarrollo sostenible y la competitividad del país. La protección y el manejo efectivo de los ecosistemas permiten garantizar el mantenimiento de los bienes y servicios ambientales como el agua, claves para la producción y el bienestar de la población. Además, de esta forma se garantiza un ambiente sano que contribuya a reducir la vulnerabilidad frente a los riesgos climáticos.
Pero para garantizar un desarrollo sostenible es esencial que el ordenamiento de los sectores se haga de forma responsable con el medio ambiente. Sobre todo en casos de alto impacto como el minero es fundamental tener en cuenta los lineamientos desarrollados para la Unidad de Planeación Minero Energético (UPME) y que la evaluación ambiental estratégica minera quede incorporada como prioridad en el Plan Nacional de Desarrollo.
Con la declaración de la Estrella Fluvial de Inírida el Gobierno anotó un gol y le puso una estrella a la protección del medio ambiente. Hay que seguir por este buen camino y tomar medidas como incluir criterios ambientales en el ordenamiento minero definiendo dónde sí y dónde no y el cómo. Solo así podremos abrir realmente el camino hacia una economía verde que mantenga la estructura ecológica tan esencial para el bienestar humano y el desarrollo sostenible del país.