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La valentía de cada día

30 de junio de 2015 - 11:50 p. m.

El Orgullo se adelantó este año. El pasado viernes 26 de junio, la Corte Suprema de Estados Unidos llenó de alegría millones de corazones en los Estados Unidos y puso fin a la segregación contra las parejas del mismo sexo.

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En Nueva York, una vez que se supo la noticia, cientos de personas LGBT y sus aliados se dirigieron a Christopher Street para celebrar en el legendario bar Stonewall Inn, donde ocurrió el asalto policial contra nuestra comunidad el 28 de junio de 1969. El júbilo se sentía en sus miradas y en los besos que llenaban la calle.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, se daba la lucha de David contra Goliat. El domingo pasado -mientras celebrábamos el Orgullo- el gobernador de Estambul, usando el Ramadán como excusa, decidió suspender a última hora la Marcha del Orgullo LGBT que se ha hecho por casi una década y es un ejemplo para el mundo musulmán. “La Policía está atacando a miles de personas con gas pimienta, balas de plástico y cañones de agua”, informaron los organizadores. Las imágenes están llenas de injusticia y de valentía al mismo tiempo. Los manifestantes con la frente y la bandera de arcoíris en alto desafiaron la represión. En la cuenta de twitter del periodista David Lepeska puede verse un impresionante video de la violencia policial:

¿Qué tienen en común Nueva York, Estambul y Bogotá? Que en ninguna de los tres ciudades es fácil ser gay, lesbiana, bisexual o trans. La discriminación, como la mala hierba, crece en todas partes. La lucha, la dignidad y la libertad se han dado y se dan en cada casa, calle, escuela, empresa, ciudad y Estado. Estos cambios sociales se logran con paciencia, resistencia y mucha solidaridad; con salidas del clóset inesperadas, conversaciones familiares, debates públicos, actos de valentía en el trabajo, presión a los políticos y grandes litigios. Los Estados Unidos nos demuestran que para hacer un cambio de esta magnitud se requiere de un proceso de múltiples niveles (local y nacional) en varios frentes de trabajo (cultural, legal, político, académico). Son procesos a mediano y largo plazo que se construyen cotidianamente. Son, ante todo, acciones colectivas de autoafirmación personal y comunitaria.

Por todo esto debemos estar orgullosos. Porque quienes nos querían mantener en la vergüenza fracasaron. Porque nuestro movimiento nunca había sido tan vibrante y esperanzador. Debemos seguir trabajando todos los días: tomando algunos riesgos -grandes o pequeños-, abriendo una conversación con algún indeciso, expresando nuestro amor en la calle o simplemente viviendo sin vergüenza de decir quiénes somos. Ningún derecho es regalado, todos deben conquistarse con un poco de valentía. En las próximas semanas, la Corte Constitucional hará una audiencia pública sobre el matrimonio igualitario. Ese día deberíamos retomar las calles y crear un momento para cambiar la historia del país. Como dice nuestra magnífica Representante a la Cámara, Angélica Lozano: “la igualdad es imparable”.

 

@malbarracin

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