¿Acaso 12 años no bastan para demostrar que la izquierda no merece estar ni un día más en la Alcaldía de Bogotá?
¿Acaso 12 años de estar gobernados por un incompetente, un par de redomados pícaros y un populista de quinta no es suficiente para negarle a la izquierda una nueva oportunidad? Es de tal nivel de desgreño, venalidad e incompetencia que han caracterizado estos 12 años de Gobierno de la izquierda que el excandidato a la Alcaldía Carlos Vicente de Roux reconoció, en reciente entrevista con María Isabel Rueda (El Tiempo, julio 21/15), el enorme fracaso de la izquierda: “Reconozco que la izquierda en Bogotá ha descuidado temas que son fundamentales para todos los bogotanos, ricos, pobres y de clase media, como la movilidad, la seguridad, el espacio público, el aseo, todo el tema de las basuras, y ha dejado que la contratación se degrade en la ciudad. En ese sentido ha sido irresponsable con Bogotá. A la Alcaldía de la capital no se puede llegar a hacer ideología, sino a atender las necesidades de toda la población”. Cuando a de Roux le preguntan sobre su paso por el Polo, contesta: “Cierto. Estuve por dentro del Polo y lo vi actuar como un partido lamentablemente clientelista, laxo en el tema ético y de la corrupción”.
Por último está la desastrosa gestión de Gustavo Petro. Como bien lo señala Felipe Zuleta (El Espectador, sept. 13/15), el estado permanente de Petro es de “negación perpetua, pues no acepta ninguno de los errores, de los muchos que se han cometido durante su mandato”. Nunca en su historia Bogotá ha estado más insegura y sucia. La movilidad en la era de Petro es un verdadero desastre. Entrar o salir de esta caótica ciudad es casi imposible. Una de las vías que tenía posibilidades como fue la Avenida Longitudinal de la Sabana fue tajantemente bloqueada por Petro y sus acólitos. El columnista de este diario Alfredo Molano encabeza su escrito el pasado domingo: “Entrar a la ciudad desde Soacha, Usme, Cota, Subachoque, Zipaquirá, Chía, La Calera es tan difícil, lento, asfixiante como circular en el barrio Cedritos un sábado a las 11 de la mañana. No son trancones —o tacos, como dicen en Medellín—, son nudos sólidos, de esos que ni para adelante ni para atrás”.
Y es precisamente la vocación clientelista y laxitud ética —como la define de Roux— la que lleva a que la izquierda no puede seguir mandando en la capital. Conozco a fondo a Clara López y no albergo la menor duda de su inteligencia y honestidad, pero la izquierda capitalina nos debe producir a todos escalofríos. El hombre para liderar el destino de la ciudad los próximos cuatro años es Enrique Peñalosa. Su experiencia, su capacidad de ejecución, su rectitud y su enorme deseo de sacar adelante la metrópolis lo convierten en el burgomaestre indicado para dar la vuelta a doce años de desgobierno.
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Apostilla 1: Claramente somos un país de provincianos que se deja descrestar por los nombres extranjeros y uno que otro diploma de dudosa procedencia. Doble a sencillo que una sociedad de nombre Lizarazo Tocarruncho y Asociados no hubiera recibido de la Fiscalía ni la décima parte en contratos que a dedo le otorgaron a la firma con el pomposo nombre de Springer von Schwarzenberger Consulting Services S.A.S.
Apostilla 2: “Uber es para cobardes. A los valientes nos gusta correr el riesgo de un paseo millonario. Una agresión con cruceta o que no tengan cambio”. (Tuit de @DonLuisEduardo publicado en El Espectador, sept. 12/15).