Caveat emptor era la advertencia que en la antigua Roma se les daba a los compradores para que se despabilaran y no se dejaran embaucar por comerciantes inescrupulosos. Es estas épocas de vacaciones, puede ser oportuno dar a los viajeros, los viator, algunos consejos:
– Existe una relación directa entre las ineficiencias e incompetencias de las aerolíneas, los aeropuertos y las autoridades migratorias: mientras más incompetentes e ineficientes sean, con más tiempo debe llegar el pasajero al aeropuerto. En épocas navideñas es indispensable que el viajero llegue con antelación ya que, de manera inexplicable, las autoridades permiten a las aerolíneas sobrevender cupos a discreción, corriendo el viajero la seria posibilidad que lo dejen en tierra.
– Los hoteles y las aerolíneas se han vuelto verdaderos expertos en lo que elegantemente se denomina “discriminación de precios”, y en realidad se trata es de cobrar según marrano. A medida que los hoteles y aerolíneas van llenando cuartos y sillas, el costo adicional de cada cuarto y cada silla aumenta de forma exponencial. El viajero puede tener la certeza de que mientras más demore su decisión, más lo van a exprimir.
– Si puede evitarlo, no compre nada en los aeropuertos. Esta recomendación se hace no por la codicia de los comerciantes, sino por el desmesurado afán de lucro de los concesionarios de los aeropuertos, quienes le cobran a los establecimientos comerciales cánones astronómicos por metro cuadrado. En cuanto a los almacenes de duty free, prácticamente todos los productos que venden se pueden conseguir a menor precio en las ciudades de origen o destino. El internet es un utilísimo instrumento para comparar precios.
– No se le ocurra utilizar, especialmente para llamadas de larga distancia, los teléfonos de los hoteles. Las tarifas suelen ser un robo a mano armada. (Mientras que una llamada internacional no debe costar más de tres centavos de dólar el minuto, los hoteles cobran hasta US$5 el minuto). Si por el uso del internet, igualmente, el establecimiento pretende cobrarle un riñón, vaya a cualquier café o locutorio que preste el servicio a un costo ínfimo.
– El viajero debe analizar detenidamente los costos en el extranjero de roaming de los celulares, costos que suelen ser prohibitivos. Al viajero le va mucho mejor comprando SIM o “tarjetas de llamadas”.
– Revise al detalle todas las cuentas de hoteles, restaurantes y bares. En las épocas navideñas, la capacidad de los administradores para sumar correctamente se merma significativamente.
– Las compañías de arrendamiento de vehículos derivan abusivas utilidades vendiendo seguros caros y redundantes. El viajero despabilado debe revisar qué riesgos le cubre tanto la tarjeta de crédito como su propia póliza vehicular.
Y en el tema de aeropuertos, desconcertante la aprobación del Senado de que el terminal aéreo de Bogotá se llame Aeropuerto Luis Carlos Galán y no Eldorado, como se ha venido llamando desde hace más de 50 años. Eldorado se encuentra saturado con demoras de hasta dos horas por vuelo, menos por tráfico que por falta de inversión en tecnología. Obligar al Estado a gastar millonarias sumas en cambios de nombre, en vez de inversiones, es un despilfarro. La decisión de los senadores pasa por alto que dicho cambio tiene un amplio rechazo en la ciudadanía que ve en el actual nombre raíces bastante más profundas en nuestra historia que el paso fugaz de un político, por meritoria que hubiera sido su trayectoria. Estoy seguro de que este cambio de nombre le va a traer a la familia Galán, que tantos puestos y dádivas ha disfrutado, más rechazo que aplauso. Convoco a todos los ciudadanos para que sigamos llamando al aeropuerto Eldorado, indistintamente de lo que ordene el Senado.
@maubotcai