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De coletazos y de “Coletas”

02 de julio de 2016 - 09:00 p. m.

Por razones del destino me tocó presenciar en Londres la votación que terminó apoyando el Brexit.

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 Durante meses, el voto a favor de salirse de la Unión Europea estaba punteando, pero la última semana, muy concretamente a raíz del lamentable asesinato de una parlamentaria, las encuestas daban por seguro que ganaba el quedarse. Es más, las casas de apuestas, que en la Gran Bretaña son tan omnipresentes como los famosos pubs, daban como perdedor al Brexit. Enorme fue la sorpresa cuando el país se levantó la mañana del viernes 24 por fuera de la Unión Europea.

Es prematuro predecir los coletazos que va a traer en el tiempo la decisión de abandonar Europa. Por el momento, tanto la libra esterlina como las acciones de las principales empresas e instituciones financieras inglesas y europeas se han derrumbado. Los analistas afirman que, en vez de agregarle a la permanencia en la Unión 1,4 puntos porcentuales al crecimiento económico, lo más probable es que se contraiga en 0,8 %. Pero, más allá de estas consecuencias, está la muy real posibilidad de que tanto Escocia como Irlanda acudan a consultas populares para abandonar el Reino Unido y sumarse de manera independiente a la Unión Europea. En este deplorable pero posible escenario se corre el riesgo de que la Gran Bretaña se transforme en una Pequeña Inglaterra.

El legado de este referendo es un Reino Unido profundamente dividido: por un lado una generación mayor —que de paso detesta a los burócratas en Bruselas—, inexplicablemente respaldada por los inmigrantes ya establecidos en el Reino que miraban con recelo las potenciales olas de nuevos inmigrantes. Por otro lado están los jóvenes, que según reciente artículo “estiman que se les han cerrado las puertas de un continente por lo que consideran el capricho de unos viejos”, acompañados de la clase empresarial y dirigente, que ve en la Unión Europea una fuente de oportunidades hacia el futuro.

En España, Pablo Iglesias —Coletas, como lo tildan sus detractores— vio derrumbarse su sueño de convertirse en inquilino de la Moncloa. Iglesias, cabeza del movimiento de extrema izquierda Podemos, basándose en una frágil alianza con el remanente del Partido Comunista, Izquierda Unida, le había apostado a una victoria aplastante, derrotando a los socialistas del PSOE. La unión de los ultraizquierdistas aliados a los comunistas, en vez de sumar, restó. Los dos grupos unidos sacaron el pasado domingo menos votos de los que lograron de manera individual hace unos meses.

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Apostilla 1: De acuerdo con el Centro Nacional de Memoria Histórica, las Farc, con la meta de imponer en Colombia un régimen marxista-leninista, adelantaron las siguientes acciones criminales: 220.000 personas asesinadas, 25.007 desaparecidas, 5’712.506 desplazadas, 16.340 asesinatos selectivos, 1.982 masacres, 27.023 secuestrados, 1.754 víctimas de violencia sexual y 6.421 casos de reclutamiento forzado. Haciendo de lado estas macabras estadísticas, el alcalde de Cali dice que “debemos pedirles perdón a las Farc por conducirlos a las armas”. Se las pedirá usted, señor Armitage. Uno perdona a un asesino, no le pide perdón.

Apostilla 2: Algunos despistados creen que al expresidente Álvaro Uribe le aguaron la fiesta al haber retirado la invitación a la Universidad Menéndez Pelayo de España. ¡Solemne idiotez! A quien le aguaron la fiesta es a la libertad de expresión. La pusilanimidad de la Menéndez Pelayo demuestra que buena parte de las universidades del mundo se han convertido en “islas de fascismo” en medio de “mares de democracia”.

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