LA INMENSA MAYORÍA DE LOS ANAlistas acepta que Colombia, en mayor o menor grado, atraviesa por la enfermedad holandesa, enfermedad cuyo síntoma principal es la revaluación de la moneda local que afecta tanto al sector exportador tradicional como al empleo.
La razón por la que esta enfermedad se denomina holandesa es que los primeros síntomas de dicho mal aparecieron en Holanda en la década de los sesenta a raíz de sus importantes descubrimientos de gas.
Haciendo una metáfora de la enfermedad holandesa con la influenza, podríamos decir que tanto la una como la otra pueden atravesar una escala que va desde la gripa hasta la pulmonía. Casi todas las pulmonías comienzan como una gripa que rara vez suele llevar al paciente al cementerio; la pulmonía, por el contrario, de no tratarse a tiempo, es mortal.
La causa inmediata de la enfermedad holandesa es el ingreso masivo de divisas, indistintamente si su origen son exportaciones, inversión extranjera, remesas, endeudamiento público, o aun narcotráfico. Algunos columnistas sesgados creen que dicha enfermedad sólo se da si hay un aumento en las exportaciones lícitas o ilícitas. En Colombia, hoy, es el endeudamiento público externo y los flujos de inversión extranjera, no las exportaciones, el principal culpable de la enfermedad holandesa: el endeudamiento aumentó al 45% del PIB, cuando el referente para tener grado de inversión es el 30%. El 90% de inversión extranjera (US$7.500 millones el año pasado aumentando a US$10-12.000 millones este año) se ha concentrado en el sector minero (incluyendo hidrocarburos).
Los expertos en el campo petrolero apuntan que dentro de dos a tres años el país puede estar produciendo 1’200.000 barriles diarios, un 59,15% más de lo que produce hoy (754.000 barriles) y exportando un millón de barriles al día. A precios de hoy, el país estaría recibiendo por petróleo US$87 millones diarios, US$32.000 millones anuales. En carbón van a ser US$15.000 millones adicionales. No hay que tener un doctorado en economía de Harvard para entender que de no establecer un Fondo en el extranjero tipo Chile o Noruega para no tener que monetizar la totalidad estos recursos, la enfermedad holandesa en Colombia —con muy altas probabilidades— va a pasar de ser una gripa a una pulmonía. ¿Podría el país aguantar un dólar a $1.500 y el desempleo por encima del 20%? No creo…
En vez de malgastar los recursos en regalías, cuyo principal destino son los bolsillos de una casta política regional, los ‘paras’ o las Farc, el país requiere con urgencia financiar tres sectores: las pensiones, una bomba social que amenaza con estallar en un futuro no muy lejano. El sistema pensional es un himno a la iniquidad, en donde sólo el 25% de los colombianos está afiliado al sistema y más del 70% recibe algo similar a un salario mínimo, mientras que los congresistas y magistrados pensionados pueden recibir sumas cuarenta veces superiores. Una segunda necesidad es ampliar la cobertura y mejorar la calidad de la educación, al ser la educación el único camino para eliminar las desigualdades y asegurar la movilidad social. La tercera urgencia, la financiación parcial de la universalización de la salud.
El electorado haría bien en dimensionar los enormes desafíos en el campo cambiario y sería irresponsable no evaluar a fondo cuál de los candidatos está mejor preparado para encararlos. Es casi una certeza que —de no crear un Fondo— la enfermedad holandesa va a pasar de ser una gripa a una pulmonía. Juan Manuel Santos, ex ministro de Hacienda, es el candidato que con creces ha demostrado tener la experiencia y capacidad para esquivar la tormenta cambiaria que se avecina.