INDISTINTAMENTE SI EL SEÑOR Mockus es católico (como se lo manifestó a Juan Gossaín en reciente entrevista), pagano (como parecería que lo fuera a raíz de su peculiar matrimonio en un circo, montado en un elefante)…
INDISTINTAMENTE SI EL SEÑOR Mockus es católico (como se lo manifestó a Juan Gossaín en reciente entrevista), pagano (como parecería que lo fuera a raíz de su peculiar matrimonio en un circo, montado en un elefante) o ateo (como aseguran sus más cercanos admiradores), este columnista sigue sin entender el simbolismo por lo que don Antanas afirma que el dinero ‘publico’ es sagrado. El dinero no huele (pecunia non olet), le respondió el emperador Vespasiano a su hijo Tito cuando éste último le reclamó a su padre por imponer un gravamen por el uso de las letrinas. Y si no huele, ¿qué razón hay para diferenciar entre dinero ‘sagrado’ y dinero ‘profano’? En este país de cacos, estos simbolismos conllevan a peligrosas digresiones: queda muy difícil aceptar que ladrón que roba al Estado comete un sacrilegio, mas el que roba al contribuyente, no. Lo ‘sagrado’ ¿no debería ser la transparencia con que los servidores públicos manejen los recursos que les aportamos los contribuyentes?
Al colombiano medio (aquel que transita en buseta y en Renault) el Estado le quita entre impuestos a la nómina, a la renta, al patrimonio, IVA, predial, de rodamiento, etc., etc… cerca de el 50% de lo que gana. En otras palabras, el contribuyente le dedica seis meses a producir dinero ‘sagrado’ y seis meses a producir dinero ‘profano’. ¿Es consciente don Antanas de que (con muy contadas excepciones) el Estado no produce, sólo gasta? Económicamente hablando, el Estado es un parásito (necesario e indispensable) que sobrevive exclusivamente del trabajo de los contribuyentes. ¿Entonces por qué el dinero del contribuyente para su manutención es ‘profano’, pero el que le entrega al Estado para que funcione es ‘sagrado’? ¿Cuándo exactamente ocurre la consagración?
Otro de los aspectos del que sería interesante conocer la opinión del profesor Mockus es cuándo el Estado es el ladrón. Contrario a lo que pueda pensar mucha gente, esto ocurre con frecuencia: cuando el Estado nos obliga a pagar un peaje por transitar en una autopista de quinta, nos está robando. Cuando el Estado nos hace pagar impuestos sobre un avalúo ficticio del carro o de la vivienda, nos está robando. Cuando el Estado prostituye la moneda para pagar sus deudas en moneda devaluada, nos está robando. La pregunta para el profesor Mockus es: ¿el dinero que el Estado nos roba también es ‘sagrado’?
Me preocupa que en vez de querer darle un profundo revolcón al diabólico esquema fiscal y perseguir a fondo la evasión fiscal, lo que pretende don Antanas es aumentar la tasa impositiva. El aumento de las tasas casi siempre redunda en un incremento de la evasión: el hueco fiscal va a ser mayor. Por ello y muchas razones más, mi voto es por Santos.
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Apostilla: No es la función de un columnista establecer quién tiene la razón en cuanto a la investigación que adelanta la Superintendencia de Salud contra Saludcoop. Sin embargo, hay interrogantes que surgen: Desde el inicio de la investigación los principales diarios del país han sido inundados de pomposos avisos a página entera defendiendo a Saludcoop. En los últimos meses, dichos avisos son firmados por entidades extranjeras. Aparte de una intromisión inaceptable en asuntos que le corresponde dirimir es a la justicia colombiana, sería interesante saber de qué bolsillo salen los recursos para pagar estos anuncios. ¿Cuál es la necesidad de presionar al Gobierno y a la opinión pública de manera tan agresiva? Porque esta campaña multimillonaria sólo lleva a pensar que algo muy gordo se esconde y seguramente les sea más conveniente a los administradores de Saludcoop revelar quiénes son los dueños de las centenares de empresas que giran alrededor de Saludcoop.