Las fajas (prendas utilizadas generalmente, pero no siempre, por el género femenino) son instrumentos de enorme utilidad para disimular ciertos gorditos incómodos, denominados por algunas como ‘michelines’ y por las sajonas como ‘manijas del amor’ (love handles). Pero las fajas se limitan a disimular, no a suprimir: los ‘michelines’ se desplazan hacia las caderas o tratan de subir hasta donde las gravedad les permita, pero no desaparecen.
El Wall Street Journal, en su edición del pasado fin de semana (enero 14/15), trae un largo reportaje de John Lyon cuyo título es Cocaine, The New Front Lines. En dicho reportaje, Lyon afirma que los cultivos de coca en Colombia, entre el año 2000 y el 2012, disminuyeron en un 65%, mientras que en el Perú aumentaron en un 40% (a 61.000 hectáreas) y en Bolivia se doblaron, llegando a 31.000 hectáreas. Entre el 2009 y el 2010 el potencial de los cultivos de coca en el Perú creció en un 44% llegando a 325 toneladas, mientras que el potencial colombiano disminuyó a 270 toneladas métricas. De las cifras de Lyon se pueden sacar varias conclusiones:
– El Plan Colombia, iniciado en el gobierno de Andrés Pastrana y continuado con singular persistencia y férrea voluntad política por Álvaro Uribe, es uno de los programas más exitosos a nivel mundial en la erradicación de cultivos ilícitos. Pero igual que con las fajas, el Plan tuvo consecuencias predecibles: los cultivos de coca (‘michelines’) se desplazaron, principalmente a Perú y Bolivia, mas no desaparecieron.
– El problema de la cocaína no radica en la oferta, sino en la demanda. Los estadounidenses han gastado 8.000 millones de dólares ayudando a erradicar cultivos de coca en Colombia, en el erróneo convencimiento de que el éxito en la erradicación disminuiría el consumo de la cocaína en EE.UU. La verdad monda y lironda es que los cultivos no desaparecieron, se desplazaron. Mientras que exista demanda, es ingenuo pretender que no va a haber oferta.
– Si bien para nuestra nación el Plan Colombia ha sido una bendición, no podemos olvidar que los ‘michelines’ (cultivos de coca) tienen una lamentable vocación de regresar a sus lugares de origen y, en retaliación por haber sido oprimidos, crecer y reproducirse. Colombia no puede bajar la guardia: además de seguir persiguiendo sin descanso a los narcotraficantes, entre quienes figuran en lugar principal las Farc, deben incentivarse los cultivos alternos y los apoyos a los ‘raspachines’ en la búsqueda de empleos remunerativos. Si se baja la guardia, el país puede tener la certeza de que los ‘michelines’, con venganza, van a regresar.
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Apostilla 1: Qué decisión tan poco afortunada la de la Mercedes Benz en Las Vegas de colocar, en vez de la estrella roja en la famosa foto del Che Guevara tomada por Korda, el escudo de esta marca. Si lo que la firma alemana pretendía (al publicitar la imagen de un asesino) era promocionar sus productos, en vez de acudir a photoshop ha debido de sacar de sus archivos fotos de Hitler recorriendo Alemania en flamantes Mercedes Benz.
Apostilla 2: Baltasar Garzón, asesor del gobierno colombiano, enfrenta un juicio en España por los delitos de prevaricación y por atentar contra las garantías constitucionales. A Garzón se le imputa haber ordenado grabaciones ilegales en el sonado caso Gürtel. La diferencia entre España y Colombia radica en que hasta que a Garzón se le declare culpable, goza de todas las garantías constitucionales, incluyendo la libertad. En nuestro país, donde a los colombianos el único derecho constitucional que verdaderamente se nos respeta es el ‘derecho de aseguramiento’, Baltasar Garzón ya estaría detrás de rejas.