EN 1898 EL GRAN ESCRITOR NORTEAmericano Mark Twain leyó un comentario periodístico de su supuesta muerte y fue obligado a rectificar:
“Los informes de mi fallecimiento han sido enormemente exagerados”. Asimismo ocurre con los informes en que el capitalismo ha pasado a mejor vida: son y han sido enormemente exagerados. No albergo la menor duda que lejos de desaparecer, el capitalismo (para la inmensa consternación de los admiradores del modelo dirigista, burocrático y antimercado) saldrá robustecido de la actual crisis. La razón por la cual el capitalismo saldrá robustecido es por su capacidad de asimilar los fracasos y de convertir dichos fracasos en éxitos.
El capitalismo a través de los años les ha permitido a miles de millones de personas salir de la miseria. Aun sus más enconados críticos como Marx y Engels reconocen los innegables logros del capital. En el Manifiesto del Partido Comunista Marx y Engels escribieron: “La burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas.
El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la adaptación para el cultivo de continentes enteros, la apertura de los ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra”. Estos elogios los prodigaron los dos alemanes en 1848, fecha en que el capitalismo estaba en una etapa muy embrionaria. Difícil pronosticar que hubieran Marx y Engels dicho del capitalismo de haber escrito el Manifiesto en 1998. En lo que Marx y Engels se equivocaron de manera radical es en su predicción de que el capitalismo se derrumbaría inexorablemente a causa de sus contradicciones internas.
La inmensa ventaja del capitalismo es su capacidad de asimilar los fracasos. Joseph Schumpeter, el notable economista austríaco, recalcó la importancia vital de la “destrucción creadora” como ese incesante mecanismo de depuración de las empresas que no son capaces de reaccionar ante la competencia y las crisis. El término “destrucción creadora” lo utiliza Schumpeter para explicar el carácter evolutivo del capitalismo. Para el austríaco la evolución se manifiesta en necesidad de modificar los patrones de producción, innovar, y en la apertura de nuevos mercados.
Schumpeter describe la implantación de una verdadera “revolución” en la estructura económica en donde se destruye lo antiguo y se crea lo nuevo. Es un proceso de destrucción porque las empresas que no se adapten a las nuevas condiciones no van a sobrevivir; pero simultáneamente es un proceso creativo porque las nuevas empresas, al utilizar los recursos escasos de manera más eficaz, van a difundir sus beneficios a toda la sociedad. Schumpeter partió de la idea de que “el capitalismo, por su propia naturaleza, es una forma o método de cambio económico y ni es estacionario ni puede serlo”. Dicho de otra forma, el fracaso está grabado en el código genético del capitalismo.
En los Estado Unidos, el fracaso no conlleva estigma alguno (cosa diferente es el fraude, causa principal de la actual crisis). Es más, dicen que Bill Gates nunca coloca en una posición destacada a nadie que no haya tenido un fracaso importante. El capitalismo implícitamente admite, que por ilusos o por incapaces, podemos fracasar.
En Colombia, donde el capitalismo es relativo, el fracaso conlleva la muerte civil de las empresas y de las personas. Mientras que mantengamos un marco legal y sesgo social que castigue el fracaso, el capitalismo en Colombia nunca va a poder explotar su inmenso potencial creativo.