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El semáforo no debe pasar de rojo a verde

19 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

Algunos abogan para que la reapertura de la economía después de la cuarentena sea en forma de V. Es decir, dado que el cierre de la economía fue brusco, que la vuelta a la normalidad también sea rápida… que el semáforo pase de rojo a verde. Otros ven el cierre y la reapertura en forma de W, que implica muy seguramente un nuevo cierre parcial de la economía antes de volver a abrirla: de rojo a verde y nuevamente de rojo a verde. Otros expertos hablan de recuperación económica en forma de U que es cuando, a diferencia de la forma V, la apertura de la economía es escalonada. Es decir, un paso importante por amarillo antes de llegar a verde. Pero un número cada vez más grande de expertos ven que la reapertura debe ser en forma de UU. Es decir, una apertura parcial de sectores puntuales de la economía, conscientes de que muy seguramente algunos sectores tengan que cerrar una segunda vez. Se pasaría de rojo a amarillo antes de llegar a verde y seguramente, con menor intensidad, se repetiría la secuencia. No se puede descartar que algunos indicadores como el empleo o el PIB pueden durar años e incluso décadas en recuperarse.

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Un prestigioso economista estadounidense, Neel Kashkari, opina que mientras no haya una vacuna o terapia efectiva, el cierre parcial de las economías mundiales puede llegar al 2022, ya que a medida que las abran, muy seguramente las tengan que cerrar nuevamente. Para Kashkari, la secuencia de controles, estallidos, controles y más estallidos va a ser el escenario más probable en el próximo año y medio. Adicionalmente, un estudio de la Universidad de Harvard, publicado esta semana, afirma que en el peor de los escenarios del COVID-19, se requerirá que las medidas de distanciamiento social perduren hasta el 2022. El anterior escenario podría representar la ruina de múltiples sectores de la economía, en especial el turismo y los espectáculos. Algunos países europeos están tomando el camino de la U. Es decir, pasar el semáforo primero a amarillo y después a verde. En Austria, esta semana empezaron a abrir las tiendas y pequeños comercios. Los otros almacenes, incluyendo las grandes superficies, lo harán el 1° de mayo, mientras que los hoteles, restaurantes y escuelas lo harán a mediados de mayo. En Dinamarca y Noruega los kínderes y las escuelas de primaria abren esta misma semana. En el otro lado de la moneda, algunas universidades de EE. UU. plantean la posibilidad de reabrir sus aulas para clases presenciales solo en el 2021.

Pero la decisión real del reinicio de la economía no la van a tomar ni los gobiernos ni las autoridades sanitarias. La van a tomar son las personas que, hasta que no vislumbren una vacuna o terapia garantizada de cura, van a evitar, dentro de lo posible, casi todo contacto humano. Y ese “distanciamiento social” implica que no van a volver a cine, ni a los espectáculos deportivos, ni a los conciertos, y van a restringir de manera drástica la asistencia a clases y conferencias. Los viajes serán aplazados y las compras menos indispensables, postergadas. Creer lo contrario es una quimera.

Apostilla. A medida que el mundo entero respeta la cuarentena y se solidariza con el prójimo, los indígenas del Cauca triplican los incendios y destrucción contra los cultivos; el Eln intensifica sus ataques terroristas, y Kim Jong-un, alborozado, lanza cohetes.

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