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Entre el ridículo, la hipocresía y el chantaje

01 de junio de 2013 - 06:00 p. m.

Al gobernante indeciso —atormentado por su ilegitimidad— no hay nada que lo tiente más que crear incidentes internacionales, por nimios y ridículos que sean, con la finalidad de desviar la atención de la población sobre lo espurio de su mandato; o sobre los graves problemas internos que enfrenta.

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Como bien lo señala el editorial de El Nacional de Caracas (mayo 31/12): “El incidente convierte a Venezuela en un país objeto del ridículo en los foros internacionales”. No en vano el inglés Samuel Johnson afirmaba que el patriotismo es el único refugio del granuja; y el hecho es que el gobierno chavista necesita todos los refugios que pueda encontrar, porque (aparte de los gravísimos problemas de escasez de los productos básicos, dentro de los que el papel higiénico es sólo uno de ellos) Venezuela enfrenta uno de los más altos niveles de desempleo, inflación e inseguridad del continente.

Nicolás Maduro y la caterva que lo rodea (Diosdado Cabello, Elías Jaua), aparte de hacer el ridículo, marcan nuevos hitos en la historia de la hipocresía y el chantaje. En relación con la hipocresía, desde 1999 lo único que ha hecho la cúpula chavista es recibir y dar refugio a los narcoterroristas colombianos permitiéndoles que ubiquen en su territorio campamentos para el entrenamiento de la guerrilla, campamentos que sirven igualmente para adelantar ataques contra Colombia. Los cabecillas de los terroristas, como recientemente puso en evidencia la foto de Iván Márquez montado en una flamante “Harley – Davidson” en el ‘Fuerte Tiuna’ de Caracas, gozan de la protección del Estado venezolano. Entonces que el gobierno de la República Bolivariana entre en cólera porque el presidente Santos y el Congreso Nacional reciban a Henrique Capriles, cabeza legítima de la oposición que representa a la mayoría de los electores del vecino país, es uno de los mayores actos de hipocresía de la historia moderna.

Aparte de lo anterior, el que el canciller de Venezuela, Elías Jaua, amenace con retirar el “facilitador” (el bobote de Roy Chaderton) de la mesa de negociaciones en La Habana es un vulgar chantaje que no puede ser permitido por el gobierno colombiano. Como bien lo señala un reciente editorial de Colombia Opina: “Pequeño y absurdo es el papel del delegado venezolano en las negociaciones de La Habana, su retiro diplomático no implica el fracaso del proceso; pero sí puede significarlo el que el gobierno de ese país incite a las Farc a desconocerlo y arreciar la violencia contra el pueblo colombiano; al fin y al cabo en los últimos 14 años Venezuela se ha convertido en el santuario intocable de las Farc, de La Uribe en el Meta se trasladaron a Caracas y a otras regiones del país hermano para continuar la depredación irracional contra nuestra patria”. El internacionalista Vicente Torrijos afirma: “… la reacción (del gobierno venezolano) es apenas natural de un régimen autoritario… Esto en el fondo podría servirle a Santos para ver con claridad los riesgos que corre la negociación ante la tenaza estratégica Caracas–Farc, porque es bien claro que el proyecto de ellos es insertar a la guerrilla en el poder para luego convertirla en parte de su proyecto latinoamericano”.

El talante del chavismo siempre fue el chantaje. Colombia recuerda indignada cuando Chávez ordenó suspender las relaciones comerciales con Colombia. A la larga este rompimiento lo que le hizo fue un gran favor al empresariado colombiano forzándolo a identificar y explotar nuevos mercados. La realidad es que el empresario que base parcial o totalmente su negocio en el mercado venezolano (mientras Venezuela esté en manos de los chavistas) es un iluso o un tontarrón. Siendo el chantaje el arma predilecta del régimen, en el momento que Colombia —ante las pretensiones de los chavistas— no se arrodille, volverán a cerrar la frontera.

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