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Interrogando en vez de entrevistando

03 de junio de 2018 - 03:45 a. m.

Qué enorme lección de serenidad le dio Iván Duque a un agresivo periodista de la W con ínfulas de juez, que en vez de entrevistarlo —como se lo señaló el mismo Duque—, le dio por interrogarlo. Algunos periodistas sesgados deberían acelerar su traslado a la “prensa amarilla” y no escudarse en un medio periodístico que presume de objetividad. Mejor que saquen a relucir en los órganos de propaganda del candidato de su escogencia el irrespeto que profesan por el modelo económico y social que respalda Iván Duque.

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Duque, por el contrario, estuvo elocuente y ecuánime. Sus planteamientos son transparentes: “Uno de los errores más grandes que se ha cometido en la historia reciente de Colombia es haber dividido a la población entre amigos y enemigos de la paz. Creo que los únicos enemigos de la paz son los que han pretendido con la violencia intimidar, acallar, cercenar y excluir al pueblo colombiano. Es muy importante que una paz duradera, estable, institucional como política de Estado, requiera un consenso. Santos promovió un plebiscito y lo promovió para que el pueblo se expresara sobre los acuerdos. Yo fui vocero del No, jamás estigmaticé a nadie, enemigos, contendores o adversarios. Y cuando se dieron los resultados de las urnas siempre llamamos a un acuerdo nacional que garantizara las partes en las cuales se tenían que hacer reformas. Jamás como vocero dije que se tendrían que hacer trizas los acuerdos. Mi compromiso es que con la base guerrillera tenemos que hacer todo lo posible para que hagan ese tránsito a la reconciliación, tengan oportunidades de empleo, tengan asistencia psicológica y salgan de esa vida trágica, y la protección de la integridad de esas personas… Las Farc debieron haber entregado hace mucho información de sus vínculos con el narcotráfico como organización y no al menudeo cabecilla por cabecilla. Que entreguen las rutas, los socios, el lavado de activos. Los laboratorios, los canales de abastecimiento, toda esa información. Así no estaríamos viviendo la tragedia que hoy estamos viviendo con el aumento del narcotráfico”. Es legítimo el que un buen número de colombianos se pregunten cómo se consolida la paz sin destruir las instituciones y convertirnos nuevamente en un narcoestado.

Qué contraste la mesura de Duque y su respeto por los que no comparten su opinión con la agresividad de Santos, quien antes de salir a París afirmó que el 60 % de los colombianos votaron a favor de la paz, sugiriendo explícitamente que los que votaron por Duque en la primera vuelta son enemigos de la paz. Este gobierno, aparte de dividir a los colombianos entre los amigos y los enemigos de la paz, nunca entendió que la estúpida polarización que fomentó lo que ha logrado es poner a los colombianos a escoger entre un socialismo populista y anacrónico, y una democracia de libre empresa.

Apostilla: todo colombiano tiene que tener la certeza de que si Duque es elegido, Fajardo o Claudia López pueden ser presidentes dentro de cuatro años. Si Petro —quien ha hecho pública se intención de quedarse diez años— es elegido, nadie podrá ser presidente en 20 años. Si no lo creen, miren a Maduro en Venezuela, que aspira a quedarse 18 años; Ortega en Nicaragua, que proyecta estar 26 años, y Evo en Bolivia, que anhela a permanecer 19 años. Este tipo de líderes no abandonan el poder tan fácilmente.

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