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La ley del embudo

22 de agosto de 2015 - 09:10 p. m.

A los pobres cultivadores de cacao en Colombia les tocó el lado estrecho del embudo. Mientras que el precio internacional del cacao es de 3.093 dólares la tonelada (9.541.000 pesos), a los productores de cacao el oligopolio de los compradores les paga menos de siete millones de pesos la tonelada, una diferencia del 36 %.

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De acuerdo con José Omar Pinzón, director ejecutivo de la Federación Nacional de Cacaoteros, Fedecacao, en Colombia “hay rapiña por los granos de cacao en el país, pero inexplicablemente al productor no le suben los precios…”.

Suponemos que los compradores nunca han querido tumbar a los cultivadores de cacao y que muy pronto, de manera retroactiva, estos oligopolios —tan insistentes en que el precio local de los commodities es el que señalen los precios internacionales— les reconocerán a los productores locales el precio real de su cacao en los mercados internacionales. No hacerlo pondría en evidencia una doble moral, o colusión, de la que bien debería la Superintendencia tomar nota.

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Starbucks, la multinacional que revolucionó los cafés especiales, acaba de anunciar que va a aumentar el precio al consumidor de sus productos. Este aumento lo está haciendo, como bien lo señala un reciente artículo del Wall Street Journal (ag. 9/15), en medio de una reducción en los precios del grano. A través de la historia, indistintamente del nivel en que se hayan caído los precios del café en los mercados internacionales, Starbucks ha aumentado los precios. Lo que hace la firma de Seattle no es diferente a lo que sistemáticamente hacen las firmas nacionales y multinacionales que utilizan commodities como insumos para sus productos: aumentan sistemáticamente los precios de sus productos sin hacer el más mínimo intento de pasarle al consumidor las bajas en los precios de dichos commodities, y de forma simultánea ponen el grito en el cielo cuando los productores tienen o intentan, como los cafeteros, crear fondos de estabilización de los precios precisamente para poder sobrellevar los altibajos del mercado. Es ley del embudo en acción.

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Todo parece indicar que la decisión de Éxito de invertir en empresas en Brasil y Argentina, dos países cuyas perspectivas económicas y políticas son cuestionables por decir lo menos, son en realidad la forma en que el accionista mayoritario, Casino de Francia, quería repatriar sus ganancias. De ser así, esta movida es otro ejemplo de la “ley del embudo”. Es decir, la parte amplia para los accionistas mayoritarios y la parte más estrecha para los accionistas locales. Si es este el caso, la Superintendencia debería abrir una investigación para aclarar qué realmente fue lo que motivó la inversión de Éxito en Brasil y Argentina. Por lo pronto, la acción de Éxito se ha desvalorizado en un 15 por ciento, afectando de manera importante a los accionistas minoritarios.

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Es de suponer que en el caso de la investigación por parte de la Fiscalía a los inversores de Forex, entre los cuales hay familias poderosas, parientes de periodistas, altos dignatarios de la justicia, exministros de Estado y una exprimera dama, entre otros, la prensa radial va a actuar con mesurada prudencia. Aquí no se trata, como suelen hacerlo estos medio radiales, de prejuzgar, condenar y ensuciar nombres, sino de dejar con discreción que la justicia ordinaria cumpla la labor para la cual ha sido designada. Un caso más de la ley del embudo, en que si tocan las “vacas sagradas” o los parientes, el trato es diferente al que se les da a los no son de “la casa”.

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