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La venidera revolución energética requiere un líder

03 de mayo de 2020 - 12:00 a. m.

La contaminación del aire por la quema de combustibles fósiles cada año, según reciente estudio, causa 4,5 millones de muertes prematuras en todo el mundo (12.000 por día). La mortandad por los combustibles fósiles es prácticamente el doble de las muertes causadas por la actual pandemia. Abandonar nuestra enfermiza dependencia del uso de estos combustibles, desde el punto de vista técnico, tiene algunos obstáculos que se pueden superar en un período menor a 15 años. El problema van a ser las talanqueras políticas. Contrario a las afirmaciones recientes del Ministerio de Minas, el fracking no es revolucionario. Lo verdaderamente revolucionario es construir una matriz de generación eléctrica totalmente limpia y renovable. Algo hemos avanzado: Colombia desde el 2018 dio un salto importante que le permitirá aumentar 50 veces su capacidad instalada en fuentes no convencionales de energías renovables como la solar y la eólica, pasando de menos de 50 megavatios a 2.500 megavatios en 2022. Colombia hoy tiene una de las matrices de generación eléctrica más limpias del mundo; de los 19 GW, el 69 % corresponde a generación hidráulica y casi el 28 % a generación térmica de los que el 13 % son con gas Natural; 6 % con combustibles líquidos; 9 % con carbón, y aproximadamente el 2 a 3 % con eólica, solar y biomasa; sin embargo, el país está perfectamente en capacidad de generar electricidad, presente y futura, exclusivamente con combustibles renovables. Por el lado de la demanda, es igualmente factible dar un revolcón al parque automotor, comenzando por las motos. Más que subsidios, el reto es diseñar e implementar los incentivos adecuados, tema que se tratará en un próximo artículo.

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Benjamin Disraeli, primer ministro de Reino Unido hacia el año 1867, sostenía que “la diferencia entre un estadista y un político es que, mientras el primero medita sobre las futuras generaciones, al segundo solo le interesa las próximas elecciones”. “Un estadista se anticipa al futuro, no inaugura obras para recibir aplausos, no les endosa sus errores a quienes lo suceden en el cargo ni gobierna mirando las encuestas”. Dentro de la tragedia de la pandemia hay un hecho que hace a la mayoría de los colombianos sentirnos orgullosos: más que tener un presidente (que es el que preside), y más que tener un mandatario (que es el que lidera), lo que en realidad tenemos es un líder (que es el que lidera). Y con más del 52 % de aprobación, la inmensa mayoría de los ciudadanos reconoce que Duque es ese líder.

Si bien el país en menos de 15 años merece tener una matriz de generación eléctrica totalmente renovable, el Gobierno debe ser consciente de que los integrantes de las cadenas de combustibles fósiles, y muchos de los que tienen intereses creados en mantener el uso de estos combustibles, van a dar una pelea feroz. Van a argumentar que, si bien sus productos contaminan, son más baratos, y que ya existe la infraestructura para manejar su distribución y consumo. El precio de no poder ver un amanecer o atardecer porque la polución no lo permite, o de no oír a un pájaro cantar porque ya todos están muertos, es algo que los ciudadanos no van a seguir aceptando. Iván Duque debería ejercer un ejemplar liderazgo en darle un vuelco radical a nuestras políticas energéticas y ambientales. No pierda, señor presidente, esta oportunidad de liderazgo para hacer cambios radicales. ¡Nuestros hijos y nietos se lo agradecerán!

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