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Los días del petróleo están contados (II)

06 de septiembre de 2014 - 10:00 p. m.

En el pasado artículo anunciábamos que el punto de quiebre entre el carro convencional y el eléctrico estaba cerca.

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 El centro de investigación en EE.UU. de la coreana LG Chem Power Inc. sostiene que a partir de 2017 baterías (no necesariamente de litio, sino de zinc, un material barato y abundante) con una autonomía de 340 kilómetros van a estar disponibles. De darse los avances en costo, tamaño y peso, los grandes fabricantes aseguran poder colocar en el mercado modelos eléctricos a un precio en torno a los 30.000 dólares (unos 58 millones de pesos).

¿Por qué el carro eléctrico va a reemplazar a aquel de combustión interna? Los vehículos actuales, que normalmente se utilizan para transportar una o dos personas, cuyo peso es 140 kilos, son adefesios que pesan en promedio 1.500 kilos. Es decir, en cada viaje cargan 1.360 kilos de peso muerto. Por el contrario, los motores eléctricos harán redundante la caja de cambios y los ejes de transmisión. La dirección y los frenos serán reemplazados por una interfaz electrónica. Al tener un escaso desgaste de frenos y ausencia de transmisiones mecánicas va a haber importantes ahorros en mantenimiento. Según datos de la Comisión Europea, un coche eléctrico tiene una eficiencia del 60% frente al 20% de los motores convencionales. Adicionalmente, el carro eléctrico del futuro, al no necesitar ejes de transmisión, se puede cerrar como un acordeón. Las ciudades, al disminuir de manera radical las necesidades de espacio para estacionamiento, podrán contar con mayor densidad y espacios verdes.

¿Qué causa mayor contaminación, indistintamente de que el vehículo eléctrico sea de baterías o de “celdas de hidrógeno”, la electricidad o la gasolina? Repasemos unas cifras del artículo anterior: un galón de gasolina, que le permite a un auto recorrer cerca de 40 km, genera 10 kilogramos de CO2. Por otro lado, para recorrer los mismos 40 km, un vehículo eléctrico sólo requiere 6 kWh. Por unidad de energía producida, las emisiones de CO2 de las centrales térmicas que utilizan gas natural son aproximadamente 500 gramos de CO2 por cada kWh producido, las que usan petróleo 700 gramos por kWh, y las de carbón 900 gramos por kWh. Generar electricidad (aun por medio de combustibles fósiles) es por lo menos la mitad de contaminante que la gasolina, cuyo transporte y distribución genera contaminación. Parte importante de la carga de electricidad de los carros se puede hacer en la casa de noche, aprovechando generación limpia como la hidroeléctrica y la eólica (el transporte de electricidad es limpio). Desde el punto de vista de costo, contaminación, transporte y distribución, la electricidad les lleva una enorme ventaja a los combustibles derivados del petróleo.

A las empresas automotrices en muy poco las afecta el pasar de carros de combustión interna a eléctricos. Las compañías petroleras no estatales tipo Exxon, que tienen una larga tradición en producir, distribuir y vender al por menor fluidos inflamables a través de una red de estaciones, promueven una visión de futuro del transporte en torno a las “celdas de hidrógeno”. (La producción, transporte y distribución de hidrógeno genera contaminación). A estas empresas petroleras, la migración hacia el carro eléctrico alimentado por la red sí les puede traer serios traumatismos.

Mauricio Botero Caicedo *

 

(En el siguiente artículo se presentarán algunas consideraciones geopolíticas y macroeconómicas).

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