PARA ALGUNOS LA SOLUCIÓN MÁS expedita de solucionar el problema fiscal es aumentar las tarifas de impuestos. Para este comentarista el problema de ingresos fiscales en Colombia no son los niveles de tarifas —bastante elevadas de por sí—.
El problema principal es el número relativamente insignificante de contribuyentes frente a la población económicamente activa. Fedesarrollo estima que la informalidad laboral es del 58% y la empresarial del 41,1%. El segundo problema es la evasión masiva y la kafkiana multiplicidad de normas y atajos que les permiten a muchas empresas y personas hacer caso omiso de sus obligaciones con la sociedad. Para incrementar el recaudo fiscal —sin asfixiar la inversión y el crecimiento— hay que aumentar el número de empresas y empleados que tributan. Por eso sigo pensando que de lejos Juan Manuel Santos es el presidente que necesitamos.
Para acabar con la informalidad es necesario hacer un esfuerzo en dos frentes: el primero, un estudio de las cargas que pesan sobre las empresas. El reto es complejo, ya que como bien lo señala el columnista Alejandro Gaviria (El Espectador, junio 13/10): “En la mayoría de los casos la informalidad no es una opción: es un imperativo, es la única forma de supervivencia para muchas empresas medianas y pequeñas”.
El gobierno de Santos debe:
— Revisar a fondo la conveniencia o no conveniencia del monopolio de las Cámaras de Comercio. A primera vista buena parte de lo que hacen estas instituciones no tiene por qué tener “exclusividad”. (La competencia automáticamente reduce tarifas).
— Implementar de manera inmediata la Ley Antitrámites. Es imperativo reducir los requisitos notariales con la finalidad de racionalizar el número y las funciones de las notarías.
— Apoyar las Oficinas de Registro de Instrumentos Públicos para que sean más eficaces y expeditas. Nuestros países, como lo señala el economista Hernando de Soto, desaprovechan enormes posibilidades de incorporar capitales que permanecen en la informalidad debido a las deficiencias en la legalización.
— En todos los casos, lo que se debe eliminar es la insensatez de cobrar tarifas basadas en un porcentaje del monto de los activos o la cuantía del negocio. Un registro, una escritura o una licencia debe tener relación es con su complejidad y no con los activos o monto de la transacción. Una de las grandes tragedias de Colombia es que sistemáticamente se recarga sobre las empresas una serie de expensas que poco o nada agregan valor.
— El segundo frente está en la capacitación y formación profesional, incluyendo la creación de una red de servicios de intermediación laboral. En muchos países el empleo transitorio en obra pública local con proyecciones de vinculación definitiva ha tenido sorprendente éxito. Pero ante todo debe haber una estrategia global de reforma y no acciones aisladas que no pasan de ser pañitos de agua tibia.
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Apostilla 1: El espectacular éxito del operativo ‘Camaleón’ refrenda la admirable capacidad de nuestras Fuerzas Armadas y valida la política del presidente Uribe de no negociar acuerdos humanitarios con las Farc. La opinión pública rechaza la cínica estrategia de las Farc de intercambiar uniformados por subversivos en prisión. La apuesta de las Farc como herramienta de presión (apuesta orquestada internacionalmente por Chávez) se está desmoronando al reducirse el macabro “botín” de policías y militares secuestrados.
Apostilla 2: Una sociedad que no defiende a sus defensores, no merece ser sociedad. Los aleves ataques contra nuestras Fuerzas Armadas deben ser rechazados de manera contundente.
(Nota: Por vacaciones del autor, esta columna no aparecerá durante las próximas tres semanas).