La memoria nos permite recordar los sucesos del pasado, pero en ocasiones no queremos —consciente o inconscientemente— hacer lo mismo con otros acontecimientos.
Fidel Castro, el líder cubano, padece de un alto nivel de memoria selectiva. El cubano, en un artículo publicado en medios de ese país, arremete contra el discurso de Obama a su llegada a la isla: “No necesitamos que el imperio nos regale nada. Nuestros esfuerzos serán legales y pacíficos, porque es nuestro compromiso con la paz”. Castro, quien cumplirá 90 años en agosto y se alejó del poder hace una década por motivos de salud tras gobernar la isla durante 48 años para ser sustituido por su hermano Raúl, señaló con ironía: “Se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del presidente de Estados Unidos…” Olvida cómodamente Fidel que Cuba precisamente ha vivido los últimos 57 años a base de regalos. De que alguien le regale subsidios, comida, o petróleo. Primero fue la Unión Soviética y en los últimos lustros ha sido Venezuela. Así que este desmemoriado no venga con cuentos chinos de que no necesita regalos, cuando lleva medio siglo recibiéndolos. ¿O será que el barbuchas es un desagradecido de talla universal?
La memoria es selectiva porque podemos mantener en nuestra memoria ciertos hechos, mientras que olvidamos otros. Puede ser oportuno traer a colación tres incidentes de este fenómeno que han acaparado las noticias.
Las Farc, igualmente, parecen sufrir memoria selectiva. El grupo terrorista, a raíz del encuentro con el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, publica en su página web: “Nos asisten razones para creer que los EE. UU. están en condiciones de ver en las Farc un socio confiable en la construcción de la paz continental, y esperamos que, en consecuencia, nos reconozcan como una fuerza política empeñada en la expansión de la democracia y el progreso social de Colombia”. La realidad es que va a ser muy difícil que alguien reconozca a las Farc como un socio confiable en la “expansión de la democracia y el progreso social de Colombia”, porque la guerrilla hasta hace muy poco no estaba interesada en la democracia. Muy por el contrario, lo que las Farc han pretendido es instaurar en Colombia el comunismo, un sistema totalitario marxista-leninista. Nunca se les había pasado por la mente expandir la democracia.
Finalmente, y como lo señala en reciente artículo la periodista del Wall Street Journal María Anastasia O’Grady, el secretario de Estado Kerry pareciera que también tiene episodios de memoria selectiva. En el artículo titulado “Kerry les pide a los colombianos que capitulen ante las Farc”, O’Grady afirma: “En una entrevista con María Celeste Arrarás en Telemundo, un canal en español de EE. UU., Kerry defendió el martes en La Habana las negociaciones entre Santos y las Farc al asegurar que no son las Farc sino ‘milicias de derecha’ las que están ‘incrementando la violencia’. Eso contradice los hechos. Según la ONU, entre los 166.000 colombianos desplazados por la violencia en 2015, 37% huyó de las Farc, 31% huyó de su primo terrorista, el Ejército de Liberación Nacional (Eln), y 13% huyó de las bandas delictivas con las que trabajan. Una carta reciente del alcalde de San Vicente del Caguán a Santos describió las vidas aterrorizadas de la población sujeta a una extorsión incesante de las Farc.” Por lo visto don Kerry, quien en el 2004 afirmó que las pretensiones de las Farc eran legítimas, no recuerda, o parece selectivamente no querer recordar, las cifras de la ONU.