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«Mi abuelo montaba en camello…»

11 de octubre de 2014 - 06:09 p. m.

El cartel de la organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) —que atraviesa una situación complicada, con perspectivas de enredarse en el futuro cercano— enfrenta cuatro grandes retos: primero, que la oferta del petróleo a nivel mundial está aumentando.

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 Segundo, que la demanda está estancada y tiende a decrecer. Tercero, que cada día la OPEP representa un porcentaje menor del crudo que se extrae en el mundo. Cuarto, que la cohesión entre los miembros del “cartel” ha perdido adhesión.

¿A qué se debe el aumento en la oferta de crudo? Al desarrollo (principalmente en Estados Unidos y Canadá) de tecnologías de extracción no convencionales, mejor conocidas como “fracturación hidráulica”, fracking. A los estadounidenses y a sus vecinos del norte poco les importan las “carticas” de los ambientalistas pidiendo moratoria sobre esta tecnología; y avanzan sin descanso en la explotación de los yacimientos de petróleo y gas de esquisto. Estados Unidos, concretamente, está al borde de romper la barrera de los 10 millones de barriles diarios de producción, y el Canadá se acerca a los cuatro millones. La OPEP puede tener la absoluta certeza de que los gringos y los canadienses van a seguir bombeando crudo, en el caso de EE.UU. hasta suplir sus necesidades internas; y en el caso del Canadá hasta cuando sea marginalmente rentable.

¿Y la demanda sí va en descenso? Los enormes esfuerzos en los principales consumidores de petróleo del mundo —especialmente en lo que se refiere a motores de combustión interna más eficientes, edificios y viviendas inteligentes, energías alternas como la solar y la eólica, y biocombustibles de segunda generación— están empezando a dar frutos. El desarrollo de energías limpias y renovables va aunado a una desaceleración de la China y una prolongada recesión en Europa. EE.UU., cuya economía sí crece, no necesitará importar crudo.

¿Y por qué la OPEP ha perdido importancia relativa? Cuatro de los seis principales productores del mundo (Rusia, Estados Unidos, China y Canadá) no pertenecen a la OPEP. Estos cuatro producen aproximadamente la misma cantidad de barriles que producen los 12 países miembros de la OPEP (28 mm de bb diarios). La enorme diferencia es que EE.UU. y Canadá siguen aumentando producción, mientras que en la OPEP sólo Arabia Saudita está en capacidad de hacerlo. En Venezuela, para citar un ejemplo, la producción ha ido en retroceso dado que el “ordeño” de la caja por parte de los chavistas no le ha permitido a PVDSA ni siquiera mantener la producción en los pozos existentes.

¿Qué hace pensar que la cohesión entre los miembros de la OPEP es menos sólida? Casi la totalidad de los países miembros del cartel dependen económica, política y socialmente del petróleo. Arabia Saudita enfrenta un dilema complicado: su costo de extracción es el más bajo del mundo, pero el mantener más de 5.000 príncipes parasitarios, y un “Estado de bienestar” ficticio en donde el desempleo es del 43%, hace que el verdadero costo del barril sea de 90 dólares. Los sauditas repiten un epigrama que reza: “Mi abuelo montaba en camello; yo monto en Mercedes; mi nieto montará nuevamente en camello”. Una reducción de los ingresos, por temporal que sea, implica el fin de la dinastía Saud. A este reino en el desierto no le queda alternativa distinta que, a medida que los precios bajen, aumentar su producción. Subirla de 10 a 15 millones de barriles diarios no le es tan complicado. De hacerlo, el desmoronamiento de la OPEP será inevitable.

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