Parafraseando la sentencia de Santayana, aquellos que desconocen las preferencias e ignoran las tendencias demográficas, están condenados al fracaso.
El propósito de este artículo es traer a colación una marcada preferencia en el campo empresarial y el fenómeno de la creciente migración a las ciudades.
La empresa McDonald’s, titán entre los establecimientos de comidas rápidas, está enfrentando serios problemas. Las utilidades en el tercer trimestre del año pasado bajaron de 1.520 millones de dólares a 1.070 millones, un descenso del 30%, mientras que la acción se ha caído en un 6%. Pero la parte más preocupante es que dicho revés no parece ser coyuntural, es decir, el resultado puntual de un mal trimestre, sino estructural, el reflejo de una preocupante tendencia demográfica: los jóvenes, los llamados ‘Generación del Milenio’, han dejado de visitar a McDonald’s por dos importantes razones: primero, porque tienen una amplia variedad de alternativas que de alguna manera les brindan la misma garantía de calidad del producto —que sin necesariamente ser excelente, por lo menos es ‘confiable’—. Segundo, existe dentro de la ‘Generación del Milenio’ una percepción, justificada o no, de que la comida de cadenas como McDonald’s no es saludable.
Añadido a lo anterior, dentro de los jóvenes no existe “lealtad de marca”. En McDonald’s, desde finales de 2010, las visitas de personas entre los 19 y 21 años han disminuido en 12,9%. El patrocinio en otras cadenas, tipo Chipotle o Five Guys, en ese mismo período y rango de edad ha aumentado en un 2,3%, y en un 5,2% entre las edades de 22 a 35 años.
Toda empresa de bienes o servicios que observe una notoria disminución en el patrocinio de la ‘Generación del Milenio’ y que pretenda sobrevivir con base en los “adultos”, está perdida. Y el empresario que vea que los jóvenes no consumen sus productos, no visitan sus establecimientos o no leen sus publicaciones en papel, debe seriamente preocuparse. Su eventual desaparición es un problema actuarial.
Y continuando con el tema de movimientos demográficos, los colombianos no podemos seguir ignorando la migración del campo a las ciudades. De haber sido un país eminentemente rural a principios del siglo pasado, hoy los centros urbanos concentran cerca del 80% de la población y en 2030 este porcentaje va a ser el 90%. En éxodo hacia las urbes, en donde los migrantes buscan mejores oportunidades de trabajo, de educación, de salud y de recreación, no tiene reversa. La ciudad, piedra angular de la civilización, ofrece bastante más oportunidades en recreación, contacto social e intercambio de ideas que el campo. Es en las urbes donde se van a concentrar los grandes retos del país en materia de oportunidades laborales, en salud, en trasporte y en educación. Igualmente va a ser en las ciudades en donde van a florecer grandes problemas como la violencia, la ignorancia y el hacinamiento.
Una reciente encuesta (El Tiempo, dic. 20/14) confirma que el 70% de los desplazados no tiene la menor intención de abandonar las urbes. Aquí nos seguimos echando ‘cuenticos’ de que cuando se firme la paz, se frena y reversa la migración y los millones de desplazados regresan felices al campo. La mayoría de la gente se olvida de que el principal causante del desplazamiento es la pobreza, no la violencia. El pretender encontrar soluciones rurales a problemas del siglo XX para encarar los desafíos urbanos del siglo XXI, más que un desacierto, es un error.