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Mitos y realidades de la crisis alimentaria III

09 de mayo de 2008 - 10:13 p. m.

Mito: El impacto de los especuladores financieros en el precio de los alimentos es mínimo.

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Realidad: El prestigioso diario financiero Barron’s estima que la especulación de los fondos de inversión, que han apostado US$568.000 millones a que los precios sigan al alza, es responsable del 40% del incremento en los precios de los productos básicos.

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Mito: Una porción significativa de la caña de azúcar y de la palma de aceite en el trópico se produce a partir de la tala de selvas y transformación de sabanas.

Realidad: La anterior afirmación se encuentra en un reciente artículo de Manuel Rodríguez Becerra (El Tiempo, mayo 5/08). En el caso colombiano y brasileño, tanto en relación con la caña de azúcar como con la palma de aceite, dicha afirmación no se ajusta a la realidad. La caña de azúcar no se da en la selva y sólo una mínima parte de la palma se ha sembrado en el Chocó.

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Mito: Los biocombustibles no contribuyen a la reducción del carbono y posiblemente causan más contaminación que los combustibles fósiles.

Realidad: En los biocombustibles, como en los combustibles fósiles, hay inmensas variaciones. Una cosa son los biocombustibles a partir de comida como el maíz y la soya, y otra a partir de la caña de azúcar o de la palma de aceite. Para producir alimentos como el maíz y la soya se necesitan cantidades importantes de fertilizantes nitrogenados. El proceso de destilación del maíz, al tener que convertir en azúcar los almidones, requiere bastante más energía que el producir etanol a partir de la caña.

Igualmente se deben tener en cuenta el clima y las condiciones físicas de la tierra en donde se producen los biocombustibles. El extrapolar de que todos los biocombustibles requieren los mismos fertilizantes que el maíz y que necesariamente toda área que se siembra para caña o palma desplaza la misma área del bosque húmedo tropical, no tiene ninguna sindéresis.

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Mito: Los biocombustibles son culpables de la crisis alimentaria y la solución a dicha crisis es suspender su producción.

Realidad: Como se ha señalado en esta columna anteriormente, los biocombustibles —que en promedio ocupan el 1,9% de la tierra cultivable en el mundo— contribuyen sólo de forma muy tangencial a la llamada crisis alimentaria. Culpar a los biocombustibles, lamentablemente, disfraza la verdadera raíz del problema.

El profesor Jared Diamond estima que si los 9.000 millones de habitantes en 2050 consumieran y contaminaran el planeta a la misma tasa que lo hacen los países desarrollados como Estados Unidos, ello equivaldría a que el mundo tuviera 72.000 millones de habitantes, cifra que a todas luces es insostenible. El problema no radica en el número de personas per se, sino en el consumo y en la contaminación que dichas personas generan.

De los 6.500 millones de personas en la actualidad, 5.500 millones están en los países menos desarrollados que muy rápidamente se están enriqueciendo. Buena parte de la presión sobre las materias primas y los productos alimenticios se da a causa de la mayor capacidad adquisitiva de la China y de la India, que juntos tienen 2.500 millones de habitantes. En el sudoeste asiático el consumo de arroz ha disminuido el 4%, mientras que aquel de leche y vegetales ha aumentado en un 70%; el de carne, huevos y pescado, un 100%.

El desafío de la llamada crisis alimentaría no son los biocombustibles, sino el aumentar la productividad del sector agrícola para suplir la gigantesca demanda de comida y proteína vegetal y animal de las naciones cuyo poder adquisitivo está aumentando a tasas cercanas al 10% anual.

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