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Nada más peligroso…

25 de mayo de 2013 - 06:00 p. m.

EN POLÍTICA, EN ECONOMÍA, EN ADministración, en sociología, no hay nada más peligroso que manipular o desconocer las tendencias demográficas. Hay tres casos (dos de naciones y uno de un partido) en donde la intervención o desconocimiento de estas tendencias ha tenido y seguirá teniendo enormes —y generalmente nefastas— consecuencias.

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En la China, cuando en 1978 establecieron la política de “un solo hijo”, las autoridades no tuvieron en cuenta una serie de problemas sociales que se les vinieron encima, y al no prever el Partido Comunista que la China atravesaría en el futuro serios desbalances demográficos, este grave error muy seguramente va a ser el principal obstáculo para que China se convierta en la primera potencia mundial. En el campo social, la política de “un solo hijo”, aunada a una marcada preferencia ancestral por los varones, trajo dos deplorables consecuencias: la China tiene uno de los mayores niveles de aborto en infanticidio de niñas en el mundo, y hay 32 millones más hombres que mujeres, lo que crea serios problemas sociales y sexuales. Por otra parte, se ha formado lo que se denomina el problema 4-2-1. Es decir, cada “hijo único” va a terminar cuidando y sosteniendo a dos padres y posiblemente a cuatro abuelos. En cifras concretas, de cada 100 personas entre las edades de 20 y 64 años, va a haber 45 por encima de los 65 años, comparado con las 15 de hoy en día. Este oscuro panorama se puede ennegrecer a medida que el Estado pueda brindar mayor cobertura en salud, factor que combinado con una dieta más balanceada les permitirá a los chinos aumentar de manera considerable su expectativa de vida.

En Estados Unidos, el Partido Republicano ha perdido por lo menos dos elecciones presidenciales y un sinnúmero de elecciones para congresistas, alcaldes y gobernadores, porque ha hecho caso omiso de la creciente importancia de la población latina. Para ilustrar el argumento de que el voto latino es y va a seguir siendo decisorio, es pertinente resaltar las siguientes cifras: hoy son 50,5 millones los latinos en EE.UU., uno de cada seis habitantes; uno de cada cuatro bebés es latino; 50.000 latinos mensualmente se convierten en potenciales electores; en el año 2050 el 30% de los estadounidenses va a ser latino. Los republicanos, con miopía y poco olfato, desconocieron estas realidades demográficas y hoy pagan por su torpeza.

En Colombia —especialmente en estos tiempos en que se discute la paz— hay una serie de personas e instituciones empeñadas en negar que este país se ha convertido en una nación eminentemente urbana, con tendencia a serlo cada vez más. Reiteramos lo que hace algunos meses afirmamos: “Mientras los colombianos no aceptemos que los grandes retos del país hacia el futuro: generación de empleo; prestación de salud; suministro de vivienda; acceso a educación; infraestructura y la preservación del medio ambiente, están es en las ciudades y no en el campo, las posibilidades de resolver nuestros principales desafíos son remotas. Con miopía continuamos mirando el ayer para resolver los problemas del mañana”.

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Apostilla: cuando un ave camina como un pato, nada como un pato y suena como un pato, la única conclusión a la que se puede llegar es que es un pato. Por esta razón es que suena anodino el Informe del centro de investigación InSight Crime recientemente publicado en El Espectador (mayo 21/13), en donde dicho centro afirma que “el riesgo es que las Farc se vuelvan bacrim”. Pero, por Dios, si ya una buena parte de los frentes de las Farc, por no decir la mayoría, son bacrim. Es decir, son bandas criminales dedicadas exclusivamente al narcotráfico, a la extorsión, al secuestro, y al abigeato. De Los Rastrojos y Los Urabeños, a las Farc las distingue muy poco.

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