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¿Para quién trabaja usted?

05 de julio de 2014 - 09:00 p. m.

Indistintamente de cuál sea su actividad profesional o laboral, o empresa de la cual deriva su sustento, al final del día usted, amable lector, puede pensar que está trabajando para sí mismo.

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Es decir, que los frutos de su esfuerzo le pertenecen, a su cónyuge y a sus hijos, no a un tercero, como es el Estado. En principio, usted tendría razón. Pero no mucha, siendo un hecho que para los suyos sólo trabaja la mitad del año y, en ocasiones, menos de la mitad. La otra mitad usted trabaja, no para los que crean riqueza, sino para los que la reparten y en algunas ocasiones la destruyen. Dicho de otra forma, de enero a junio usted trabaja para el Estado, y sólo a partir del mes de julio usted trabaja para sí mismo.

El autor de esta nota ha tenido acceso a un reciente estudio realizado en España por el think tank Civismo, en donde se demuestra que en ese país, que tiene un sistema impositivo similar al nuestro, un ciudadano que devenga el sueldo medio necesita trabajar algo más de un semestre para pagar sus impuestos: para pagar el impuesto de renta se necesitan 41 días; para cubrir el IVA, 25 días; para la seguridad social y otras cargas laborales, 102 días, y para otros impuestos especiales, como son aquellos que gravan la gasolina, el alcohol, y el tabaco, 16 días.

En resumen, sólo a principios de julio puede el ciudadano empezar a disfrutar de las rentas de su trabajo. Para dicho think tank, “cuando el fisco exprime en exceso a quien produce riqueza, la sociedad pierde vitalidad y la actividad económica se desincentiva”. El director de dicha institución, Julio Pomés, afirma que los contribuyentes deben ser conscientes del “día de liberación fiscal” de su país, no sólo para entender el costo del “Estado de bienestar” y el precio del boato y del despilfarro, sino para exigirle a la administración pública más respeto por la actividad laboral de sus ciudadanos.

Cuando usted lea u oiga que el Gobierno, el Congreso o un juez ordenan un gasto, una indemnización, un auxilio o un subsidio, usted tiene que tener la absoluta certeza de que no son los que ordenan los que asumen la cuenta del gasto, de la indemnización, del auxilio o del subsidio. Somos usted y yo, como contribuyentes, los que tenemos que cubrir, con nuestro trabajo, dichas órdenes de gasto. Y la única forma de financiar el creciente gasto público es trabajando más para el Estado y menos para nosotros y nuestras familias.

Si en los países democráticos hubiera transparencia fiscal, a los contribuyentes nos explicarían en detalle a dónde van a parar nuestros tributos, dejándonos saber cuánto tiempo le tenemos que dedicar de nuestras horas de trabajo a cada rubro de gasto del Estado, qué implicaciones en los días que trabajamos va a tener la próxima reforma tributaria, qué representa en horas de trabajo los beneficios y prebendas que les piensan otorgar a los alzados en armas, y si no sería interesante conocer, por ejemplo, cuántos días de trabajo le dedicamos a mantener las pensiones de los congresistas y los magistrados.

Apostilla: excelente iniciativa la que piensa presentar el Gobierno de ponerle punto final a la “puerta giratoria” entre los magistrados de las altas cortes. Lo que no puede volver a presentarse es la vagabundería de qua sean los mismos magistrados que postulen y elijan al magistrado que antes les había ayudado a llegar a las altas cortes. De Ricaurtes y compañía, ¡el país está hasta la coronilla!

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