Según informes de prensa, el Gobierno colombiano se encuentra bastante molesto porque la exfiscal estadounidense Bonnie Klapper ha pasado de ser perseguidora de criminales a ser su asesora.
Para quien escribe esta nota, el Gobierno sufre de asombrosa falta de sindéresis ya que en este país, por iniciativa del mismo Gobierno, los asesores de los pícaros pasan a ser los perseguidores de los mismos. ¿Alguien puede explicar por qué la puerta giratoria es recomendable cuando gira para un lado, pero inaceptable cuando gira para el otro?
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Lo de Rojas Birry es una extraña combinación de farsa con “ópera bufa”. ¿Por qué, se pregunta uno, las autoridades permitieron que este pícaro se mantuviera atrincherado en una casa al norte de Bogotá durante varios días para evitar pagar una condena de ocho años por enriquecimiento ilícito? ¿Qué es esa entelequia de “guardia” indígena?
Inadmisible que quien desempeñe cargos públicos, cargos remunerados y reglamentados bajo las leyes de la República de Colombia, pretenda, cuando delinque de manera flagrante y abusiva, que sea la justicia indígena la que lo juzgue. O todos en la cama, o todos en el suelo.
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No soy la persona adecuada para confirmar o descalificar el producto Revertrex, mucho menos juzgar si es “la fuente de la eterna juventud”. En sana lógica me temo que es un producto tan efectivo, o tan poco efectivo, como los ungüentos que venden los indígenas en Chapinero. Lo que no admite controversia es que la modelo de Revertrex es indiscutiblemente más atractiva que el nativo en taparrabos que promociona en la Caracas “aceite de culebra”. Pero me atrevo a garantizar (esté o no esté el superintendente José Miguel de la Calle de acuerdo) el poder de transmutación del metálico. Hasta hace pocos meses en un noticiero se denigraba día de por medio de una empresa, y por arte de birlibirloque, de la noche a la mañana hoy no sólo no se denigra, sino que se habla maravillas de esta sociedad. Teniendo esta y miles evidencias más de las propiedades taumatúrgicas del oro, no veo por qué los que prestan dinero, o sea los bancos, no pueden anunciar que el metálico convierte a los más redomados inquisidores en aduladores, no obstante que las propias alabanzas envilecen. No podrá usted, respetuosamente le advierto doctor de la Calle, imponer multas y mucho menos suspender la publicidad de algo tan evidente: la capacidad mutante de los fajos de billetes de $50.000, que a los alacranes los metamorfosea en sapos. Basta recordar una de las estrofas del poema de Quevedo: “Pues que da y quita decoro / Y quebranta cualquier fuero / Poderoso Caballero / Es don Dinero”.
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Razón le sobra al columnista Daniel Samper en su última columna (El Tiempo, mayo 20/12) cuando afirma: “He expresado muchas veces mi rechazo al recurso periodístico de encumbrar a delincuentes a las mejores horas y espacios de radio, televisión y prensa, para que desde allí abusen a su libre arbitrio. Muchas de estas penosas ‘exclusivas’ son ecos de pactos entre abogados defensores y fiscales para conseguir rebajas a sus clientes a cambio de incriminaciones gratuitas… de este modo, los criminales reciben trato de estrellas y gozan de una atribución que cualquier editor serio le negaría a un reportero suyo: publicar toda suerte de barbaridades sin pruebas y permitir que sus mentiras adquieran un inaceptable tinte de verdad por el mero hecho de que se profieren en escenario privilegiado”.
La realidad, como bien lo señala Samper, es que cada día hay menos editores serios y cada día hay más periodistas que le ceden el micrófono a todo aquel que esté dispuesto a afirmar todo tipo de barbaridades sin prueba alguna. ¡Y al que le caiga el guante, que se lo chante!